lunes, 3 de febrero de 2020

EXPLOSIÓN, de Delmira Agustini
















Si la vida es amor, ¡bendita sea!
¡Quiero más vida para amar! Hoy siento 
Que no valen mil años de la idea
Lo que un minuto azul de sentimiento.


Mi corazón moría triste y lento...
Hoy abre en luz como una flor febea;
¡La vida brota como un mar violento
Donde la mano del amor golpea!


Hoy partió hacia la noche, triste, fría,
Rotas las alas, mi melancolía;
Como una vieja mancha de dolor


En la sombra lejana se deslíe...
¡Mi vida toda canta, besa, ríe!
¡Mi vida toda es una boca en flor!"


Algunos recursos literarios de la poesía


ANTITESIS- dos elementos opuestos que aparecen asociados
Idea/ Sentimiento

COMPARACION-  Recurso literario que asocia por semejanza un elemento real y otro imaginario mediante un nexo.
Hoy partió (...) mi melancolía (...) como una vieja mancha de dolor

PERSONIFICACION- Dar características humanas a un elemento, objeto o a un animal.
cuando la MANO DEL AMOR golpea


ENUMERACION- Serie de elementos que tienen algo en común y que se utilizan uno a continuación de otro.
mi vida toda CANTA, BESA, RÍE

METAFORA- Imagen que sustituye un elemento real, porque ambos guardan un parecido entre sí.
¡Mi vida toda es una BOCA EN FLOR!

YO LÍRICO- voz que habla en el poema.
Quiero más vida para amar. Hoy siento

RIMA- Coincidencia de sonidos a partir de la última vocal acentuada al final de dos versos diferentes.
Si la vida es amor ¡bendita sEA!
¡Quiero más vida para amar! Hoy siENTO
que no valen mil años de la idEA
lo que un minuto azul del sentimiENTO


MÉTRICA- Número predeterminado de sílabas que tienen todos o algunos versos de un poema.
Si/la/vi/daes/a/mor/ben/di/ta/se/a
Once sílabas: verso endecasílabo.

ANÁFORA- Repetición de la misma palabra a comienzo de distintos versos.
MI VIDA toda canta, besa, ríe
MI VIDA es toda una boca en flor

HIPÉRBOLE- Exageración desmedida para dar mayor expresividad
MIL AÑOS de la idea

TEMA DEL POEMA- Idea central que se comprende a lo largo del texto y que puede resumirse en una palabra.
Amor

Subtemas:
enamoramiento, amor y vida, etc.

SONETO- Tipo de poema con un formato fijo. Tiene solo cuatro estrofas distribuidas en dos cuartetos y dos tercetos, siempre en ese orden. Por lo tanto un soneto solo puede tener 14 versos.
Generalmente en los cuartetos se presenta un problema y en los tercetos su resolución. "Explosión"  de Delmira Agustini por lo tanto es un soneto.

VOCATIVO- Invocación o llamado que se hace a comienzos de un verso a alguien que escuchará el poema.
AMANTE. No me lleves si muerto al campo santo



Análisis del soneto "Explosión", de Delmira Agustini


Primer cuarteto

El primer cuarteto comienza con una oración en condicional. Cuando se comienza a hablar con una palabra del tipo "Si"...  se supone que existe una posibilidad que, para que se cumpla, debe darse una condición.
La vida puede ser amor. En caso de que sea así, la vida para Delmira es una bendición. El "¡bendita sea! "es una expresión típica del lenguaje religioso. Una característica de la poesía amorosa y erótica de Delmira es que utiliza términos convencionalmente establecidos por la Iglesia pero para referirse a los sentimientos humanos más apasionados.
El segundo verso continúa con las exclamaciones. Aparece el yo con toda su fuerza a través del verbo "Quiero". Se exige un imposible: más vida. Los seres humanos somos mortales, pero la voz del poema en pleno descubrimiento amoroso descubre que amar es lo que hace que la vida valga la pena.
Y en los siguientes versos establece una comparación que opone dos maneras de ver el mundo:  por un lado "mil años de la idea", por otro "un minuto azul del sentimiento".
La hipérbole de los mil años puede referirse a todas las ideas que le han inculcado a una mujer joven desde que nace: la religión, el modo de ser  femenino, la expectativa de ser esposa y madre, la moral estricta, etc. En cambio, ella misma parece haber descubierto por sus propios medios lo que es sentir.
Algo inexplicable racionalmente: solo puede acudir a una metáfora para describirlo, y para ello recurre al color azul, que evoca el cielo, el mar, la inmensidad.


Segundo cuarteto

En la segunda estrofa continúa con la antítesis, esta vez entre una vida sin amor ( "mi corazón moría triste y lento"), y una vida en pleno enamoramiento que se refiere al presente a través de la repetición de la palabra "hoy".
Para poder hablar de algo tan complejo usa personificaciones y metáforas. El corazón (símbolo de la vida afectiva y pasional) es mostrado primero -en el pasado "moría-,  como un ser  lleno de tristeza e incapaz de moverse, de vivir.
A partir del HOY (alusión al enamoramiento), el corazón se ha transformado: "abre en luz como una flor febea". Si bien se compara aquí el corazón con una flor en pleno florecimiento primaveral, no basta con ello. Es necesario también una metáfora: flor febea. Febea es una palabra inventada por Delmira ( un neologismo) que viene de la palabra Febo. Febo era Apolo, el dios del sol en la mitología griega. Con ello quiere mostrar  que enamorarse es estar iluminado, lleno de luz.
En los dos últimos versos pasa a hablar de la vida en estado de "revolución" por el enamoramiento.
Para ello la compara con "un mar violento", imagen que evoca un estado imposible de controlar, donde la naturaleza lo domina todo, y se la encuentra profundamente relacionada al amor: "cuando la mano del amor golpea".
Esta imagen del amor, además de personificar a un sentimiento, brinda ese carácter de sorpresivo: el amor un día llama, golpea a la puerta, o tal vez con su mano hace mover el mar.

Primer terceto

En los tercetos el conflicto entre tristeza y vida planteado en los cuartetos ya se resolvió. En esa oposición triunfó el amor y la "melancolía", personificada y a la vez asimilada con un pájaro siniestro, es expulsada de la vida del yo lírico.
El sentimiento "melancolía " había sido ya anunciado por la imagen del corazón muriéndose, pero aquí parece una entidad separada del cuerpo. Como alguien ajeno que se va. Se va hacia la noche, y los adjetivos "triste, fría" no sabemos si se refieren a la noche o a la propia melancolía.
Finalmente la melancolía es comparada con una vieja mancha de dolor, degradándola, por el adjetivo "vieja"y por su asimilación con "mancha", palabra que se asocia con la suciedad o con la culpa.


Segundo terceto

El primer verso del segundo terceto todavía habla de la melancolía. Dice que en la sombra lejana "se deslíe", se desata, se desintegra. Otra vez se advierte la asociación noche, mancha, sombra vinculadas a la melancolía en oposición a azul, febea, luz, mar, que se vinculan al amor.
En los dos últimos versos del poema se da el remate del poema, las dos afirmaciones que confirman la hipótesis del primer verso del poema : "si la vida es amor, bendita sea"
En el penúltimo verso la asociación entre vida y amor es total: a través de una enumeración de verbos se describe lo que es la vida en estado de enamoramiento: canta-besa-ríe. Son verbos de acción en presente que se oponen a lo dicho sobre el corazón anteriormente: "moría triste y lento".
Este renacimiento es debido al amor.
En todo el poema de deja traslucir que el yo lírico ha sufrido un inmenso cambio a causa del amor.
Y en la oposición ayer/hoy, triunfa el amor poderoso que se representa en la metáfora del beso:
"mi vida toda es una boca en flor".






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Actividad 

Comparar "Explosión" con "Vida garfio" de Juana de Ibarbourou y "Te estoy llamando" de Idea Vilariño. 



VIDA GARFIO, DE JUANA DE IBARBOUROU, 1892-1979















Amante: no me lleves, si muero, al camposanto.
A flor de tierra abre mi fosa, junto al riente
Alboroto divino de alguna pajarera
O junto a la encantada charla de alguna fuente.


A flor de tierra, amante. Casi sobre la tierra 
Donde el sol me caliente los huesos, y mis ojos,
Alargados en tallos, suban a ver de nuevo
La lámpara salvaje de los ocasos rojos.


A flor de tierra, amante. Que el tránsito así sea
Más breve. Yo presiento
La lucha de mi carne por volver hacia arriba,
Por sentir en sus átomos la frescura del viento.


Yo sé que acaso nunca allá abajo mis manos
Podrán estarse quietas.
Que siempre como topos arañarán la tierra
En medio de las sombras estrujadas y prietas.


Arrójame semillas. Yo quiero que se enraícen
En la greda amarilla de mis huesos menguados.
¡Por la parda escalera de las raíces viva
Yo subiré a mirarte en los lirios morados!



 TE ESTOY LLAMANDO, DE IDEA VILARIÑO ( 1920-2009)





















Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva
ni te espere.
Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.
Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
a la paz
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte,
amor,
como a la muerte.






















miércoles, 1 de enero de 2020

 

“La hora”, de Juana de Ibarbourou









Tómame ahora que aún es temprano

y que llevo dalias nuevas en la mano.


Tómame ahora que aún es sombría

esta taciturna cabellera mía.


Ahora que tengo la carne olorosa

y los ojos limpios y la piel de rosa.


Ahora que calza mi planta ligera

la sandalia viva de la primavera.


Ahora que en mis labios repica la risa

como una campana sacudida aprisa.


Después..., ¡ah, yo sé

que ya nada de eso más tarde tendré!


Que entonces inútil será tu deseo,

como ofrenda puesta sobre un mausoleo.


¡Tómame ahora que aún es temprano

y que tengo rica de nardos la mano!


Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca

y se vuelva mustia la corola fresca.


Hoy, y no mañana. ¡Oh amante! ¿no ves

que la enredadera crecerá ciprés?


El tema

Desde el título, el poema presenta abundantes referencias al tiempo, en particular al paso del tiempo. La hora, dicho en singular, apunta a un momento concreto y no otro, e inevitablemente el lector sabe que una hora pasa con velocidad, pues el tiempo corre, como los antiguos latinos decían: “tempus fugit irreparabile” ( el tiempo huye irreparablemente). Por otro lado, todo ser humano conoce las consecuencias que el paso del tiempo tiene sobre la vida, y especialmente, sobre el cuerpo, pues es lo más evidente. En el yo lírico, parece preocupar por encima de todo lo vulnerable que es el cuerpo al paso del tiempo. Como si solo hubiera una hora, una escasa hora, para que se hallara en toda su plenitud, sin asomos de decadencia.

Como subtema, aparece la llamativa alusión a la belleza femenina como particularmente víctima de los estragos del tiempo, en una concepción del yo lírico que representa a la mujer como un ser cuyo máximo objetivo es ser hermoso, estado que al parecer solo se obtiene en la juventud, tal como insinúa el poema.



La voz que habla

El yo lírico es de carácter femenino. El lector puede percatarse de ello no gramaticalmente, sino por las concomitancias culturales con que el yo se asocia. En primer lugar, se habla de un cuerpo y una identidad que se puede identificar con el mundo vegetal en particular con las flores. La única referencia al árbol -símbolo genérico del ser humano por su verticalidad y su apariencia copa (cabeza), tronco(cuerpo) ramas (pies)-, es significativamente la mención del ciprés, el árbol que desde los romanos se planta en homenaje a los muertos y especie predilecta para ser plantada en cementerios.

Así que el yo lírico, si bien toma abundantes referencias a la Naturaleza para expresarse, selecciona en particular  a las flores que históricamente han sido símbolo de belleza, fragilidad, sensualidad y femineidad.

Las flores aludidas, como las dalias y las rosas, impactan por su hermosura, tersura y color cuando están frescas, pero al marchitarse producen repugnancia y rechazo.

Este yo lírico no es solo femenino sino que su concepción de lo femenino se asocia a estos estereotipos culturales firmemente arraigados: la mujer ha de ser bella, la mujer joven es más valiosa, la mujer ha de ser suave, la mujer está asociada a la fecundación, como las flores en una planta.

El yo lírico se dirige a un tú, es evidente esto a nivel gramatical, por cómo está construido el poema, con gran relevancia del verbo tomar en modo imperativo unido al pronombre “me” (a mí). 

Este tú se espera, por parte del yo lírico, activo y dueño del poder de decisión, como en la tradición cultural se ve el rol del hombre en la pareja. También el vocativo “amante”, entre signos de exclamación, muestra que el otro es el que hace, el que ama, mientras que el yo lírico parece ser la “amada”, la que se deja amar.


Estructura


La velocidad con que se plantea el poema es coherente con la temática. El poema tiene diez estrofas de solo dos versos (dísticos), lo que señala la brevedad de cada instancia. Los versos son casi siempre dodecasílabos (de doce sílabas), con rima consonante, pero las vocales y consonantes de la rima a lo largo del poema van cambiando para darle variedad al sonido del poema y por lo tanto la sensación de cambio, de paso del tiempo.

En cuanto a la estructura interna, se ven dos momentos bien diferenciados. Por un lado las cinco primeras estrofas donde se explica el estado de perfección que tiene el cuerpo del yo lírico en plena juventud y belleza, y a partir de la estrofa seis, y en particular de la palabra “después”, el poema se inunda de oscuros presagios. Los verbos en presente cambian por verbos en futuro: el cambio de ese cuerpo hacia la vejez será inexorable.

La última estrofa cierra con una pregunta retórica la gran antítesis entre juventud/vejez, belleza/fealdad, felicidad/tristeza: “¿no ves, que la enredadera crecerá ciprés?”, siendo símbolo la enredadera de vida irrefrenable y el ciprés de muerte, como ya se ha dicho.

Por último, llama la atención la abundancia de anáforas. El “tómame ahora” y el “ahora” se repiten al inicio de verso, señalando la urgencia que tiene el mandato del yo lírico, que en lugar de mandato bien puede ser un ruego. Parece que el poder de decisión de “tomarla” (es decir, poseerla físicamente),  estuviera solo en el otro, el amante, el agente masculino.

Es contradictoria esta pasividad con la que espera el yo lírico con su discurso vehemente que exige ser tomada sin pérdida de tiempo.



Figuras literarias


Son muy abundantes, porque la autora está fuertemente influida por el Modernismo que fue un movimiento que se desarrolló a comienzos del siglo XX y que señala una fuerte predilección por las metáforas y el uso de símbolos de la mitología.

Pueden observarse varias metáforas (representación de un elemento real -que no se menciona- por medio de  un elemento imaginario que se le parece):

“llevo dalias nuevas en la mano”

“los ojos limpios y la piel de rosa”

“rica de nardos la mano”

“se vuelva mustia la corola fresca”


También hay comparaciones, que a diferencia de las metáforas sí explicitan y aparece mencionado el elemento real. Poseen un nexo comparativo que equipara lo real y lo imaginario:

“en mis labios repica la risa/ como la campana sacudida a prisa”

“inútil será tu deseo/ como ofrenda puesta sobre un mausoleo”


Pueden hallarse también personificaciones, donde se le otorga a un objeto o a un ser no humano algo característico de las personas exclusivamente:

“aún es sombría/ esta taciturna cabellera mía”

“la sandalia viva de la primavera”


Aparecen también metonimias, muy relacionadas al concepto de metáfora, donde se de una parte por el todo:


“llevo dalias frescas en la mano”


En este caso, la mano es un elemento del cuerpo que representa a todo el cuerpo en su máximo esplendor.


Y el poema está lleno de símbolos, siendo estos representaciones muy visuales de elementos que todos asociamos en la cultura a algunos conceptos. Un símbolo, a diferencia de la metáfora, es algo muy habitual y que toda una sociedad tiene integrada a su imaginario. Por ejemplo, la cabellera, es en muchas culturas asociada a la fuerza, vitalidad, erotismo, belleza y en particular la cabellera larga a lo femenino. 

El mausoleo (monumento funerario) simboliza sea la religión que sea la muerte.

Las flores, en particular las corolas, son utilizadas por ejemplo por los pintores para simbolizar la sexualidad, en especial femenina.




domingo, 8 de septiembre de 2019

A UN OLMO SECO, de Antonio Machado

Antes de leer y reflexionar sobre este poema, escucha esta canción, cuya letra es del poeta Machado y su música de Joan Manuel Serrat. Pero esta versión está transformada al flamenco, el estilo musical por excelencia de Andalucía y la canta Calixto Sánchez:

https://www.youtube.com/watch?v=E2GwSY3wF-s



En Uruguay tenemos una variedad de olmo que llamamos "álamo". Es un árbol que se suele plantar al borde de caminos y carreteras, para dar sombra, uno junto al otro.



A UN OLMO SECO

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera. 
Tradicionalmente, se interpreta este poema como una metáfora de la esperanza que aún tenía Antonio Machado sobre la mejoría de su joven esposa Leonor, enferma gravemente de tuberculosis.




Antonio Machado 1875-1939


Leonor Izquierdo 1894-1912




Análisis de "A un olmo seco"


 Título 


Es un título que no entra dentro de la tradicional clasificación “epónimo”, “emblemático” y “simbólico”, porque parece en verdad una dedicatoria, un pequeño texto que a veces acompaña a otro y que adelanta que se va a realizar un canto, elogio, o agradecimiento a alguien valioso. A veces los poemas que cumplen  esta función se llaman “odas”.
Pero el título como siempre adelanta información, y así el lector sabe que se va a alabar un árbol “seco”, es decir, que se está muriendo. Hay una paradoja en elogiar a un ser vivo que se halla en tránsito hacia la muerte, en plena decadencia.
La primera parte del poema es una descripción minuciosa del árbol. Y lo curioso es que para ello Machado utiliza la forma de un soneto, es decir, dos cuartetos y dos tercetos.



 Primera estrofa: un cuarteto


El primer cuarteto explica objetivamente la situación presente del árbol, cuya vida ha sido aniquilada por un elemento arbitrario de la naturaleza , el rayo. Sin embargo, y ese parece ser el motivo de la alabanza, a pesar de la destrucción, el árbol puja por vivir y con la primavera le han salido unas “hojas verdes”. Así aparece al inicio del texto una alusión a la esperanza, al milagro azaroso de la vida.


 Al olmo viejo hendido, por el rayo
y en su mitad podrido
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.


 Este comienzo es casi in media res, lo peor ya sucedió. El rayo (símbolo desde la mitología griega de fuerza y de poder) ha partido un árbol que ahora no es considerado “seco”, sino “viejo”. Así, los adjetivos van siendo cada vez más amables dirigidos al olmo, pues en realidad, calificar a un árbol de “viejo”es considerar su fortaleza y porte. La vejez de un árbol es un atributo positivo, si bien este olmo también está “hendido”, y “en su mitad podrido”
El adjetivo “podrido”por cierto no es nada poético, pero el yo lírico, que observa de cerca el árbol, quiere ser rotundo y no eludir la grave situación en que se encuentra el árbol.
En la naturaleza nadie es inmortal y también los árboles perecen. Este olmo, antes de morir, parece tener aún la capacidad de producir hojitas verdes. Esta antítesis entre lo podrido y lo vivo llama la atención del yo lírico, que se ha detenido en el camino a observar este fenómeno, que luego calificará de "milagro”.


 El árbol. Símbolo ancestral 




Desde antiguos mitos a religiones, pasando por pueblos y sociedades, el árbol ha sido un emblema de la vida, muy unido a la existencia humana. El árbol de la sabiduría está en el Génesis de la Biblia, pero también hay un árbol en la representación del mundo de los vikingos.
En Paraguay, está el árbol de Artigas, un jacarandá bajo el cual Artigas  ya anciano buscaba su sombra. El árbol destruido por los bombardeos nazis en la ciudad vasca de Guernika, es un símbolo de la masacre que allí se perpetró y que inspiró a Picasso en su obra maestra.
El árbol tiene un vínculo con los cuatro elementos esenciales: el agua, la tierra, el aire y el fuego. Sus hojas reciben la lluvia, pero sus raíces beben savia. Donde no hay árboles se genera un desierto. Las profundas raíces de un árbol están en contacto con la tierra generosa, de ella se hiergue recto, como el cuerpo humano. La verticalidad de un árbol genera una impresión de rectitud y nobleza.
Su copa es un hogar para múltiples  animales, pero también ofrece sombra y refugio a las personas, además de frutos y flores. Al estar en perpetuo crecimiento da la impresión de que se eleva hacia el cielo, y como las catedrales, es un signo de espiritualidad.
El árbol está unido también al fuego, pues es gracias a su madera que los seres humanos descubrieron y domesticaron al preciado elemento que les permitió  darse calor , luz en la noche y preparar alimentos.
Los árboles, cuanto más años tienen y su tronco es más grueso, y su copa más tupida, generan más admiración.
La Humanidad aprendió a plantar árboles, pero a menudo la propia Naturaleza los ofrece espontáneamente: es el caso de este olmo que descubre el yo lírico, árbol autóctono español que nació hace más de cien años a orillas del Duero, un río que atraviesa Castilla.



Segundo cuarteto 



¡El olmo centenario, en la colina
Que lame el Duero! Un musgo amarillento
Le mancha la corteza blanquecina
Al tronco carcomido y polvoriento.



 Aquí se observa que la voz del yo lírico sube de tono, exaltado. Los signos de exclamación se utilizan para expresar emoción. ¿Qué lo ha conmovido al yo lírico? Por un lado el hecho de que el olmo es venerable, tiene más de cien años, tiene más longevidad que el ser humano. También la maravilla de la unión entre río y mundo vegetal, pues el olmo ha nacido porque hay una colina que “lame el Duero”.
 El río está personificado y con una metáfora se habla de la humedad y la vitalidad que como un gran padre protector brinda el río a a su alrededor.
La admiración hace que el yo lírico se acerque cada vez más al árbol y lo describa con lujo de detalles. Pese a haber resistido más de cien años, ahora el olmo está cubierto de musgo “amarillento”y la corteza está “blanquecina” y “polvorienta”.
Obsérvese el uso de adjetivos a los que se les ha anexado sufijos ( partículas que se colocan al final para dar un matiz a la palabra) , negativos: –ento, -cina y –iento se usan para agudizar estados de enfermedad o decadencia.
No obstante, y pese a la antítesis entre las hojas verdes nuevas y el musgo que se asocia con lo putrefacto, el viejo y herido árbol aún alberga vida. Una vida secreta de hongos e insectos que descubre el atento yo lírico, y que es vida al fin.
“Nada se pierde, todo se transforma”parece que dijera Machado con su árbol. Todo es vida. Por eso en los tercetos del soneto el yo lírico tiene el valor de igualar la vida de un pájaro de bello cantar (el ruiseñor), con las hormigas y las arañas.
Se realiza una afirmación de lo que el árbol ya no será a través de una comparación negativa.



No será, cual los álamos cantores
Que guardan el camino y la ribera
Habitado por pardos ruiseñores.


La comparación muestra la  diferencia entre el olmo y  los álamos, que estarán llenos de pájaros y cantos. Recuérdese que en la tradición poética el ruiseñor es símbolo de la alta poesía.
Este viejo árbol albergará otros animalitos, seguramente menos poéticos, pero muy trabajadores y sistemáticos, como esos insectos que ahora descubre tan voluntarioso el yo lírico.


Ejército de hormigas va trepando
Por él, y en sus entrañas,
Urden sus telas grises las arañas.


Ni las arañas ni las hormigas son animales que simbolizan la belleza, pero sí el trabajo, la paciencia y el esfuerzo. Y allí están, muy vivos, en el olmo que los alberga y les da casa y cobijo.
En este segundo terceto se observan varias aliteraciones: resuenan la “r”y la “ñ”, que se repiten, para mostrar con su sonido el incesante trabajo de los insectos.
Pero entonces el soneto termina para que el poema se convierta en un canto emocionado dirigido a un “tú”, y el yo lírico le hable al árbol que, si bien no puede contestarle, parece escucharlo, mudo.


 El deseo del yo lírico 


¡Antes que te derribe, olmo del Duero,
Con su hacha el leñador, y el carpintero,
te convierta en melena de campana,
lanza de carro, o yugo de carreta,
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde del camino,
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida!



En este diálogo imposible con el árbol el yo lírico se proyecta al futuro y reflexiona sobre el destino del árbol. Es indudable que morirá, que terminará su ciclo vital. ¿Pero cómo?
Preguntarse eso es como si el yo lírico se preguntara sobre su propia muerte. Nadie tiene esta respuesta, pero el poema baraja distintas hipótesis. Hechos que sucederán, en algún momento, y antes de que sucedan, el yo lírico quiere escribir sobre este árbol.
Es importante la anáfora del adverbio antes, que se repite a comienzo de verso tres veces, para indicar la urgencia de hacer algo porque al árbol le queda poco tiempo de vida.
Es entonces que aparece aludido el ser humano, pero no cualquier persona, sino aquellos que pueblan el campo y que pertenecen al mundo del trabajo. Es retratado en su vida cotidiana el sufrido pueblo español, que cuando Machado escribe este poema era aún muy pobre.
Son varios los oficios aludidos, explícita e implícitamente, que usarán ese árbol para la vida. Se mencionan explícitamente el leñador y el carpintero.
El leñador es un oficio para el que se necesita no solo fuerza sino también destreza y conocimiento de los árboles. El oficio de carpintero es uno de los más antiguos del mundo, Jesús era carpintero como su padre, José.



El carpintero de un  pueblo del campo profundo en ese mundo rural hará múltiples objetos, pero Machado elige la “melena de campana” , la “lanza de carro”, y el “yugo de carreta”. Objetos vinculados al duro trabajo: la campana es tocada por el cura para despertar al pueblo, no solo se va a misa sino también a trabajar. La lanza de carro es el palo que une la estructura de las ruedas, y evoca a todos aquellos que trasladan en carro los productos agrícolas.



El yugo de una carreta es un instrumento muy fuerte y pesado para sostener el arado que sujeta la cabeza de dos bueyes: así se labró la tierra durante siglos antes de la invención del tractor.
Pero también el olmo puede llegar a encender el fuego de una cocina, del hogar o fogón con que se calienta la familia y donde las mujeres cocinan sus guisos que luego alimentarán a todos.




Pero toda esta enumeración y alusión a trabajos termina en “mísera caseta”: el diminutivo , - eta supone una casa muy precaria y humilde, pero el adjetivo mísera habla de penurias, quizás de hambre.
El olmo puede ayudar a los seres humanos pobres a trabajar, a vivir.




El último oficio aludido es el de escritor, que lleva siempre consigo una "cartera", un poeta caminante, que porta una libreta donde tomar anotaciones ante las sorpresas que le surgen en el camino, como las ramas verdes del olmo casi muerto.


Conclusión



Mi  corazón espera
también hacia la luz y hacia la vida
otro milagro de la primavera.

Los últimos versos del poema unen el texto y el contexto. El plano autobiográfico se manifiesta de lleno y se une al paratexto final (Soria, 1912), espacio y tiempo del drama de la pareja Antonio Machado-Leonor Izquierdo, a quienes la enfermedad y la muerte separó en plena dicha.
        

domingo, 17 de marzo de 2019

ROMANCE DE LA CASADA INFIEL, de Federico García Lorca





Un poema sobre la libertad y el amor

El escritor Federico García Lorca (poeta y dramaturgo, 1898-1936) sentía una profunda admiración por la tradición popular. Escuchó siempre con atención los cantos que surgían del pueblo.  A pesar de ser un hombre culto, perteneciente a la clase alta de Andalucía, tuvo la idea de crear un libro a la manera de los viejos romances que se cantaban en la Edad Media y que continuaron transmitiéndose a través de los siglos.
Usó entonces una poesía con componente narrativo (una pequeña anécdota) que se contaba a través de un yo lírico desbordante de metáforas, con gran sonoridad. Los versos de los romances escritos por Lorca son octosílabos y presentan rima asonante alternadamente con un verso blanco (sin rima).
En el “Romance de la casada infiel”, la rima i-o se presenta curiosamente en los versos impares, a diferencia de los romances medievales, cuya rima está en los versos pares.
Los personajes de este libro, como su nombre lo dice, son gitanos. El pueblo gitano, con su especificidad, sus ritos y costumbres, ha vivido en España desde hace siglos, antes incluso que los romanos y árabes. Pero ha sido una minoría étnica a menudo perseguida y marginada.
Víctimas del racismo, con su peculiar forma de vida, los gitanos viven con una gran intensidad su cultura y rituales, y sobre todo, cantan, bailan y producen música.
En el poema “La casada infiel” los personajes se conocen en una fiesta, una noche de Santiago.
Es pleno verano en Andalucía, y la parece haberse llenado de guitarras y sinuosos movimientos de los bailarines. Es un momento propicio para que los seres humanos disfruten con todos sus sentidos y con su cuerpo.
Pero la voz que cuenta la historia lo hace después que la noche de Santiago pasó. El gitano que dice "Y que yo me la llevé al río/ creyendo que era mozuela/pero tenía marido". Parece estar haciendo una confesión a un otro. ¿A nosotros, los lectores? No en la ficción. En el mundo gitano que crea Lorca, esa voz casi dolorida parece estar confesándose con un compadre, con otro gitano, un igual.
En el inicio el poema sintetiza la historia que se va a desarrollar y que ya había anunciado el título (epónimo y emblemático). Se trata de una historia de adulterio. Pero a medida que oímos la voz del gitano, nos damos cuenta que ha sido mucho más que eso.
El tema del poema es la pasión desbordante a la que los códigos sociales -en este caso reglas gitanas- colocan "bridas y estribos".
En la lucha entre la libertad y la represión termina triunfando esta última, pero sin duda la memoria del gitano ha quedado marcada para siempre por esa mujer que es capaz de emular a la luna, por su belleza, personalidad y misterio.


"La casada infiel"

Introducción:

Los tres primeros versos del poema son el resumen que el yo lírico-el personaje gitano a quien le aconteció la historia- realiza de su narración a un oyente ficticio, que en silencio lo escucha.
Tal vez sea un gitano como él, un cómplice a quien contar confidencias.
Su tono coloquial -"Y que yo"- muestra al gitano anhelando desahogarse. Hay implícita una frustración, "creyendo que era mozuela / pero tenía marido". En los valores culturales gitanos, donde la virginidad de las mujeres es exigida y a la vez codiciada, un hombre le concede una importancia enorme en ser el primero que "posee"a una mujer. El gitano no parece sentirse culpable de algo que hubiera sido una falta para el grupo, llevarse una mozuela al río. Pero es la mujer la que en definitiva se da el gusto de transgredir las normas, no era mozuela pero era casada. Fue un amor prohibido, pero quien realizó la ruptura con los códigos fue la mujer.
El yo lírico parece explicar las circunstancias que lo llevaron inevitablemente a ese amor. Todo parece predestinado para que ambos se amen: fue de noche, en pleno verano (Santiago es el 25 de julio, donde hace mucho calor en Andalucía).
Ha habido una fiesta y han bailado juntos, se termina (se apagan los faroles), la gente se va por las "esquinas" que se aluden en un momento, parecen quedar solos y en silencio (se encendieron los grillos). En esta antítesis y sinestesia (mezcla de sensaciones) se muestra la complicidad de la naturaleza con los amantes.
Están frente a frente y el gitano por compromiso con su propia masculinidad, decide llevarla al río.Ella se deja hacer, parece sumisa y pasiva. Sin embargo, una vez que él la toca, el cuerpo de ella se despierta al deseo, es entonces que el lenguaje poético se acelera y comienzan las comparaciones:
"toqué sus pechos dormidos/y se me abrieron de pronto/ como ramos de jacintos".
Es esta la primera de una serie de imágenes poéticas en donde la gitana es equiparada a elementos de la naturaleza blancos, bellos y exquisitos, por su perfume o su textura.

Esta sensación táctil y olfativa se ve incrementada cuando el gitano baja con sus manos por el cuerpo de la mujer y en la oscuridad descubre "el algodón de su enagua". La gitana bajo sus faldas tiene una prenda íntima pulcra y blanquísima, de tan limpios que están los volados de la enagua crujen con el contacto ya casi violento del excitado gitano, cuyos dedos anhelantes son asociados a través de una metáfora con los peligrosos cuchillos que siempre portaban hombres como él.



Se desata la pasión junto al río

La primera parte del poema termina con estos versos:

Sin luz de plata en sus copas
los árboles  han crecido
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río

Los gitanos se van acercando al río. El río en la obra de García Lorca el río es un símbolo muy importante, representa la existencia humana llena de vitalidad. Fresco y lleno de fuerza y movimiento, es el espacio ideal para que se produzca el encuentro entre los amantes.
No es fácil llegar a él. Y menos en la oscuridad. es una noche sin luna, la luna aún no apareció, o está oculta. Pero es aludida como en muchos de los poemas de Lorca, a través de una metáfora: "sin luz de plata en sus copas". Los árboles en la oscuridad parecen proteger a los amantes de las miradas ajenas.
Los otros están muy lejos, están representados por sus perros, perros entrenados para vigilar y prohibir.
Ahora, los amantes, están solos.
Cuando llegan al río deben atravesar varios obstáculos. Se produce una enumeración de vegetales tupidos y pinchudos: zarzamoras, juncos, espinos... no parece importar la dificultad, por fin el río los acoge como un alivio.
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
El yo lírico parece insinuar que ambos se han echado sobre el limo (arenilla, barro húmedo y suave) como si este fuera un lecho, una cama con que la Naturaleza los recibe.
Pero él está sobre ella, con el peso de ambos cuerpos parece formarse un hoyo, quizás el limo los está envolviendo como si fueran Adán y Eva, que nacieron respectivamente del barro y ella de una costilla de él, según el mito biblíco,
La grafopeya "mata de pelo"muestra a la gitana como una mujer muy bella, femenina y salvaje. A continuación cuatro versos con un ritmo muy marcado enumeran los gestos a través del verbo "quitarse"que conlleva el acto de desnudarse. Ya no es el gitano quien debe tocar a la gitana para que ella despierte. Ambos se sacan cada uno la ropa, en pie de igualdad. Se quitan las prendas que simbólicamente los asocian a los roles femenino y masculino. Los corpiños de la gitana comprimían su silueta, pasa a quedar al descubierto su piel que es deslumbrante para el gitano, quien realiza una serie de comparaciones aumentativas con objetos maravillosos de la Naturaleza"Ni nardos ni caracolas/ tienen el cutis tan fino/ni los cristales con luna/ relumbran con ese brillo".
Él por su parte también se desnudó, se mencionan dos prendas que sujetan y constriñen, y que están asociadas a lo masculino: la corbata y el cinturón con revólver. Ese hombre belicoso ha quedado vulnerable a merced del amor.




Las metáforas hablan


Nudo y desenlace de "La casada infiel"

La relación amorosa es explicada a través de metáforas. La gitana se asocia con flores (nardos), con caracolas (caracoles de mar, recubiertos de nácar por dentro), su belleza es festejada a través de las palabras. En el momento de mayor sensualidad del poema, las metáforas resultan misteriosas: sus muslos se me escapaban/como peces sorprendidos/la mitad llenos de lumbre/la mitad llenos de frío.
Es razonable que los muslos se comparen con los peces, por su forma alargada y su gran movilidad, pero no queda claro por qué la antítesis fuego/frío define a la gitana. 
Quizás esa mujer tan libre y sensual no pueda poseerse nunca del todo. Cuando el poema llega a su momento culminante, la gitana es equiparada a una potra de nácar. 
El caballo en la poesía de García Lorca es símbolo de libertad y de gran vitalidad, al mismo tiempo esta hembra de caballo es sumamente joven, de ahí su energía y belleza. Ambos se aman sin bridas y sin estribos , que son las riendas  y  aperos del caballo con los que el jinete lo controla y domestica.
Esta mujer es incontrolable y produce en el gitano sentimientos incontrolables, es sin duda la mejor noche de su vida.
Pero cuando todo termina nos percatamos que de pronto se rompió la magia y el gitano empieza a decepcionarse, se ha dado cuenta de que esa mujer tenía experiencia y deseo propio y no es la mozuela que creyó.
El gitano se va del río muy enojado como se visualiza en la imagen de las hojas de los lirios batiéndose con el viento, y el adjetivo sucia para referirse al estado en que quedó la gitana, como si ya nada puro quedara en ella.
Él se siente estafado y por eso no desea continuar la relación, como se deduce del hecho de que después, en algún  otro encuentro no explicitado, le regale un costurero como despedida. 
El costurero era un objeto clave en la vida doméstica de las mujeres, que cosían su propia ropa y la de la familia.El objeto regalado parece insinuarle a la mujer que cumpla con su rol de esposa y no se salga de su lugar de mujer fiel y sumisa.
El gitano se reprime varias veces: en una ocasión no quiere decir por hombre/las cosas que ella me dijo. Evidentemente  no quiere enamorarse en un acto de represión, pues toda su naturaleza ha quedado fascinada con aquella mujer con quien compartió momentos de extrema felicidad.
Hay una gran ambigüedad al final del poema. Prácticamente se repiten los versos del principio, pero con una diferencia. al principio del poema parece que él fue al río creyendo que era mozuela, dejándose llevar por su intuición. Pero al final, aclara que teniendo marido ella LE DIJO que era mozuela cuando la llevaba al río. Al gitano parece ofenderlo el engaño que vivió, más que el hecho de que en verdad ella sea esposa de otro.
Sin embargo, no sabemos del todo quién ha mentido. Quizás todo fue una suposición como al principio, quizás él anhelaba ser el primero y ella nunca se lo sugirió, quizás fue en el momento en que ella murmuró esas palabras que él no quiere repetir el momento  en que se reveló la verdad.
Lo cierto es que todo queda cerrado, sin ninguna posibilidad de futuro. El peso de la cultura machista del gitano puede más que sus sentimientos y deseos.


Es posible sentir una ironía del autor hacia su personaje que se niega a sí mismo la posibilidad de ser feliz. Al mismo tiempo se percibe una empatía hacia las mujeres que rompen las normas y una denuncia de la represión social que no solo sufren los gitanos.

martes, 23 de octubre de 2018

EMMA ZUNZ, de Jorge Luis Borges


JORGE LUIS BORGES (1899-1986)




Sus temas obsesivos




1) La realidad humana está llena de símbolos.
2) Todo acercamiento a la realidad es una hipótesis, una conjetura.
3) Toda realidad es inaprensible: al no poderse conocer, realizamos esquemas para entenderla.
4) Es obligación de los seres humanos plantearse esquemas para entender el universo, aunque sean provisorios.
5) Un instante resume la vida completa de un ser humano. Porque hay un momento en el cual se comprende el propio destino.
6) La realidad se parece demasiado a la literatura, la ficción se parece demasiado a la verdad, hay veces que se superponen y confunden.
7) El laberinto es el símbolo que mejor representa el universo.
8) Todo ser humano es dos seres humanos. Somos uno y lo contrario también. Convivimos con nuestro propio doble.
9) El mundo es percibido como un sueño.
10) La vida es una intrincada concatenación de causas y efectos.
11) Los seres humanos estamos condenados a la memoria, el olvido no es posible.
12) El universo es un sistema de espejos donde todo se reproduce hasta el infinito.
13) La existencia humana tiene mucho de caos, el individuo parece estar perdido en un laberinto.
14) “Un hombre es todos los hombres”: cada ser humano concentra en sí a toda la Humanidad.
15) La vida puede ser entendida como un libro ya escrito y el universo como una biblioteca infinita.


"Emma Zunz", de Borges



Presentación de la historia

El cuento comienza con una fecha precisa: 14 de enero de 1922. Es un día al que a una joven argentina de ascendencia alemana, le cambia la vida para siempre.
Ese día recibe una carta, de alguien que no conoce, proveniente del Brasil. La carta le informa que un hombre – Maier- se ha suicidado. Pero ella sabe muy bien que el muerto no se llamaba así, sino que tenía un nombre muy similar al de ella, Emmanuel Zunz. Era su padre, un prófugo que había cambiado su identidad.
Así se devela, de golpe, la profunda soledad de Emma. Su amado padre estaba escondido en algún lugar fronterizo, como si fuera un delincuente. Luego el narrador nos explica que, su padre, “el último día le había jurado que el ladrón era Loewenthal”.
Con pocos datos, el narrador (omnisciente, externo, que parece conocer muy a fondo la historia), mientras presenta el dolor de Emma ante la muerte de su padre brinda también a través de pocos detalles una relación de tres: el culpable, Aarón Loewenthal (antes gerente y ahora dueño de la fábrica, y verdadero autor del desfalco), la víctima , Emmanuel Zunz, (el cajero acusado de estafa) y ella, Emma, hija de la víctima y subordinada del culpable, pero que se va a erigir en jueza y verdugo: siente el deber de ser la encargada de ejecutar la justicia que los hombres no han sabido impartir.
Así, con un simple papel, con meras palabras, se desencadenan acontecimientos graves. La palabra adquiere una importancia de hecho demostrable. La verdad del padre se convierte en realidad absoluta. Y la muerte del padre deja de ser un suicidio de un hombre deprimido para transformarse en una muerte desencadenada por un ser despreciable, el traidor, Loewenthal, que en la mente de Emma merece ser castigado.
Emma llora la pérdida de su único afecto, pero también elabora un plan. El lector supone que ha decidido acabar con la vida del verdadero culpable del deshonor y muerte de su padre y de tanto dolor para ella.
El narrador va dosificando información sobre Emma, así, a través de los recuerdos del personaje (prolepsis), se indica también que esa chica que está urdiendo un plan siniestro, sin embargo, alguna vez tuvo una infancia feliz, que tuvo una madre, una casa, vacaciones junto al río. Ese pasado se perdió, y el tiempo se ha permutado en un solo instante: la muerte de su padre, como si esto fuera lo único que realmente le había pasado en la vida.
Hasta aquí, el lector puede pensar que la importancia enorme de esta muerte se debe al amor que le había tenido a su padre. Luego, comprenderemos que Borges maneja un sistema implacable de causas y consecuencias, por lo tanto, la muerte de Emmanuel Zunz será el factor determinante que hará que el cuerpo de Emma termine por ser ultrajado y que ella se transforme en una asesina.
Al terminar de proyectar el plan, Emma intenta disimular y comportarse como si nada hubiera sucedido. Es entonces que el cuento muestra la vida cotidiana que Emma ha tenido hasta ahora. Ha sido simplemente una obrera de 18 años, que vive sola en una pensión como tantas chicas inmigrantes en el Buenos Aires de la década del 20. Solo tiene amigas con las que va al cine y al gimnasio y jamás menciona la posibilidad de un novio, porque los hombres le producen terror.
Ese mundo rutinario se va a perder violentamente.
Su plan comienza a ejecutarse. Dice el narrador que Emma “ya era la que sería”. Con ello se siente la idea tan querida a Borges de que en todo ser humano se aúna toda la humanidad. “un hombre es todos los hombres”. La identidad no es una. Una persona puede ser todo lo contrario de lo que cree ser. Emma se va a transformar en otra. Hasta ahora, era una chica tímida, humilde, trabajadora, moralista. Era virgen.
Cuando ejecute el plan va a necesitar ser fuerte, capaz de mentir, de enfrentarse al mundo, de dar su cuerpo en sacrificio, de mentir y de matar.
Para eso necesita un “ayudante”. Lo elige: se fija en el diario y mira qué barco va a zarpar del puerto de Buenos Aires esa misma noche… Un marinero desconocido de ese barco la ayudará, sin saberlo, a cumplir su “objeto deseado”: la venganza





La complicación

El narrador no dice cuál  es el plan de Emma. Este relato, por cierto, tiene mucho de cuento policial, de misterio, género que le gustaba mucho al gran lector Borges.
En principio, a Emma se la muestra disimulando. Intenta que aquel día, el que serviría para su venganza ,(o desde su punto de vista para hacer cumplir la Justicia), parezca igual a todos. Nadie debe sospechar de ella.
Dos elementos aparentemente inconexos aparecen mencionados: uno, la búsqueda en el diario de los nombres de los numerosos barcos que se hallan en el puerto de Buenos Aires. Por fin encuentra uno que zarparía esa misma noche para Malmö, Suecia. Un barco cuyos marineros ya no estarían al día siguiente.
Por otro lado, concierta con Loewenthal un encuentro, supuestamente para delatar a sus compañeras de trabajo, que estaban planificando una huelga.
Entonces sale de su barrio obrero y se dirige al “infame Paseo de Julio”, un lugar de Buenos Aires asociado al trasiego de prostitutas.
Ella, sola, de quien el narrador nos ha dicho que los hombres le inspiran terror, se mete en esos bares de marineros donde se ejerce la prostitución. Deambula y se ve multiplicada por espejos, como si fuera otra. ¿Es que hay varias Emmas?
Emma encuentra a los marineros del barco nórdico, un  buque que ya no estaría al día siguiente. Y finge ser una prostituta más. Dos marineros son señalados por el narrador. Emma elige al más desagradable, para que “la pureza del horror no fuera mitigada.”
Luego el hombre la conduce por pasillos, por pasajes, como si detrás de él Emma estuviera recorriendo un laberinto. Los espacios son enumerados por el narrador con el polisíndeton y.
Cuando llegan a una habitación, la puerta “se cerró”. Es un instante determinante en la vida de Emma.
La joven de 18 años, al fingir que es una prostituta, mantiene una relación sexual que es vivida de modo doloroso y traumática con el desconocido. El momento es atroz, y en lugar de pensar que se trata de un mero  eslabón en la cadena de hechos que constituyen el plan, solo siente el horror. Por su cabeza pasa como un relámpago que su padre le había hecho eso mismo a su madre. Ese es el momento en que su padre empieza a dejar de ser su héroe, la víctima a la que hay que vengar. Es un hombre más. ¿Y si hubiese mentido al despedirse?
Cuando el marinero se va y deja el dinero, ella en repudio por la agresión sexual recibida lo rompe. Pero Emma ha sido criada en la religión y la moral, y a través del estilo indirecto libre el narrador omnisciente sugiere que Emma respeta el pan, el dinero, todo lo que se consigue a través del esfuerzo y el trabajo.
Luego se da prisa por vestirse y salir de allí. A pesar del asco que siente por su cuerpo, su plan debe continuar.
Trata en el tranvía de que nadie mire su rostro. Una culpa la consume, aunque en su plan ella se propone sacrificarse para poder vengar a su padre y restaurar la justicia.
Sin  embargo, el momento que vivió con el marinero la transformó. Ahora la víctima no es solo el suicida: el padre desterrado y perseguido.
Ahora la principal víctima es ella misma, con el cuerpo herido por un ultraje  no deseado, aunque voluntario. En definitiva, es el padre, y la necesidad de vengarlo  y de tener una coartada para su plan, quien ha ocasionado ese horror tan parecido a una violación. El narrador le llama ultraje.
Nada sucede como previó, del todo. El destino es imprevisible.
Ese hecho es la verdadera complicación, y cambia el destino del personaje. Ella seguirá viéndose como una vengadora, pero ya no de su padre, sino de sí misma.





El desenlace

Cuando Emma se dirige al encuentro del antagonista (Aarón Loewenthal), el lector tiene la impresión de que se acerca el desenlace.
Pero antes de contarlo el narrador ofrece un retrato psicológico de quién es el responsable supuesto de tanto dolor en la familia Zunz.
No se dan grafopeyas de él, pero sí etopeyas. Es un hombre solitario, pues vive en los altillos de la fábrica (antes era su gerente y ahora es su propietario). En verdad, desconfía de todos. Guarda un revólver en el cajón del escritorio. ¿Por qué? ¿Acaso teme que alguien quiera matarlo? ¿Es capaz de usar ese revólver? ¿Contra quién?
Vive sin mujer (es viudo, pero su mujer le dejó una cuantiosa herencia), y no tiene hijos. Parece no querer a nadie. Una reja y un perro que no cesa de ladrar muestran cuán inseguro es, se protege a él mismo y a su dinero. El narrador da indicios de que es un gran avaro.
Si abrió la reja y ató el perro, es porque cree que Emma Zunz viene a darle información sobre una huelga de las obreras de la fábrica.
Cuando Emma llega, el plan sigue su curso. La idea de Emma es pedirle a  Loewenthal vaya a buscar un vaso de agua y aprovechar su ausencia para sacarle el revólver del cajón. Luego, hacer el juicio que los seres humanos no supieron hacer. “He vengado la muerte de mi padre”, pensaba decir.
Como si no dudara de que el culpable de la muerte de su padre es Loewenthal, y por lo tanto, su asesino, entonces el "asesino" debe morir sabiendo que no es impune, oyendo antes su sentencia. Emma se cree un instrumento de la justicia de Dios y quiere demostrarle al hombre que odia que, tarde o temprano, la justicia llega.
Pero ante Aarón Loewnthal se le desbarata el plan. Casi olvida al padre. Necesita matar al hombre por el cual se dejó violar por el marinero. Qué importa que estuviera buscando una coartada. Loewenthal es el origen de la catástrofe que vivió el cuerpo de Emma. Se asiste a la aparición de un tema dilecto de Borges: las culpas se transmiten,  una culpa es causa y otra la consecuencia, se salta de una a otra.
Es tal la urgencia de Emma  por matar al "traidor" que dispara sin hacer el juicio que se proponía.  Cuando pronuncia las palabras meditadas... Aarón ya ha muerto.
Luego llega un final ¿cerrado o abierto? En este el narrador explica cómo Emma realiza una llamada telefónica y acusa a Loewenthal de haberla violado, por lo tanto se sugiere  que lo ha matado en defensa propia. "La historia era increíble, pero se impuso a todos porque sustancialmente era cierta", dice el narrador. Se supone que en 1922 el médico forense pudo constatar la violación.
Esa llamada dirigida a la policía se creyó, parece transmitir el narrador. Es que Emma está diciendo de alguna manera la verdad. Ha sido ultrajada, ella es una víctima, el gran culpable es Loewenthal.
Pero hay otra verdad: se ha convertido en una asesina. Y ha violado el gran mandamiento: “No matarás” y también “No levantarás falso testimonio.”
Se convierte así en la culpable absoluta del cuento.