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viernes, 27 de septiembre de 2024

ROMANCE DE "EL ENAMORADO Y LA MUERTE"

Romance del enamorado y la muerte




Se trata de un romance novelesco, pues cuenta una historia, aunque su fuerte tono lírico lo ha convertido en uno de los poemas más famosos de la literatura española.
Llamamos “romance” a un tipo de poema que se cantaba y transmitía oralmente en el siglo XV en España, ya en el último siglo de la Edad Media. Está compuesto en versos octosílabos y su rima es asonante en los versos pares.
Los artistas llamados juglares realizaban con ellos verdaderos espectáculos para el pueblo, que se acercaba a las plazas a escucharlos con deleite y luego aprendía los poemas y los cantaba mientras trabajaba.
Este poema tiene un fuerte componente sobrenatural, con la personificación de la muerte, no ya como una horrenda calavera sino como una mujer misteriosa que irrumpe en la alcoba de un joven enamorado que “sueña” con la amada.
La fantasía en los romances era algo frecuente y esperado por el público. Sin duda la proliferación de imágenes de la muerte en el arte medieval tiene que ver con el pánico que quedó en las sociedades europeas luego de la terrible “peste negra” que arrasó con tantas vidas humanas. Pero la belleza y originalidad de este poema surge de descartar el tópico de la representación de la muerte como Parca, y sustituirla por un personaje inquietante que en principio es confundido por el enamorado con la deseada amada.
Se trata de un romance que se mueve en un territorio onírico (de deseo, de sueño, de pesadilla). La historia es fuertemente ambigua, pues el personaje del enamorado (el yo lírico) nos habla desde un presente en el que se recuerda lo sucedido o lo soñado “anoche”.

Yo me estaba reposando,
Anoche, como solía,
Soñaba con mis amores
Que en mis brazos se dormían.
Vi entrar señora tan blanca
Muy más que la nieve fría.

Desde el momento en que escuchamos la voz del personaje da la impresión de que aún vive.
Desde un punto absolutamente racional todo lo que se cuenta parece ser una pesadilla.
Pero la poesía tiene el don de evocar en quien escucha sentimientos contradictorios. La impresión que da el verbo “Vi” es de que efectivamente hubo un cambio perceptivo, que el personaje ya no sueña sino que vive esa realidad misteriosa.


Presentación de la historia

En primer lugar se presenta al enamorado, alguien sin duda joven que anhela completar un amor que probablemente sea prohibido, aunque sí correspondido.
La ambigüedad surge de la propia palabra “soñar”, que en español se refiere a las imágenes que surgen espontáneamente mientras dormimos pero también es sinónimo de fantasear, imaginar despierto.
El enamorado sueña o desea tener a su amada (la niña de “sus amores”) entre sus brazos dormida, anhela tener una noche de amor con esa doncella que, como luego veremos, está celosamente vigilada por sus padres.
Cuando parece que el personaje ya ha despertado, irrumpe en la historia esa presencia blanca y helada que el personaje solo puede identificar con la amada. ¿Será por su belleza? ¿La blancura y pureza de la amada parece repetirse en esa mujer misteriosa en su habitación? ¿O acaso quiere que su deseo de dormir con ella se haga posible?
Hay un obstáculo, un símbolo que se va a repetir en el poema: las puertas cerradas. Algo separa al enamorado de su deseo. Pero esta noche tan especial, las puertas, ventanas y celosías no son un obstáculo para alguien que se define así:
No soy el amor, amante
La muerte que Dios te envía.


Complicación

A la grafopeya de la muerte blanca y helada (a través de la hipérbole y comparación “muy más que la nieve fría”) le sigue esa voz tremenda que le aclara al confundido enamorado que no se trata del amor, sino que ella llega como enviada de Dios a cumplir una sentencia inexorable.
Sin embargo, se entabla un diálogo entre ambos donde él suplica con vehemencia una prórroga a su condena a muerte. Aparentemente, la muerte consiente, pero tal vez con crueldad le niega el día que el enamorado le pide, y solo le da una hora.
A partir de entonces el ritmo del poema se acelera, surge la voz de un narrador en tercera persona que cuenta las apresuradas acciones del enamorado a través de verbos.
Se abandona el espacio íntimo de la habitación del protagonista y éste parece correr por las calles para llegar a tiempo de ver por última vez a su amada. La velocidad se da también por la anáfora “muy de prisa” con que comienzan dos versos.
La ansiedad del enamorado se manifiesta en el paralelismo: “Ábreme la puerta, blanca/ ábreme la puerta, niña.”
Entonces surge un personaje que hasta entonces solo era una silueta. Pero ahora es la verdadera coprotagonista, la muchacha que es llamada tiernamente por el enamorado no por su nombre sino por palabras dulces y amorosas: “niña”, “blanca”, “mi vida”.
La voz de la hermosa doncella que anhela al hombre que los padres no le permiten amar se escucha a través de (otra)  puerta cerrada. Pero aunque esta puerta pertenece a la casa señorial de sus padres, la muchacha encerrada sabe transgredir las prohibiciones sociales: esta vez sin embargo entiende que el momento no es el adecuado, pues su padre (seguramente un noble) no ha ido esa noche al palacio, y su madre está despierta, alerta.
La bella de una familia de la aristocracia estaba predestinada a casarse con un cónyuge elegido por los padres para promover la riqueza y la ascensión social de la familia.
Pero el ser humano busca la libertad. Esta muchacha probablemente ha abierto la puerta a su amado cuando su padre está en el palacio y la madre está dormida. Él conoce por dentro la casa de su amada, conoce el espacio donde ella pasaba sus horas encerrada, bordando, con tan solo una ventana para conectarse con el mundo exterior.
Pero el enamorado le habla con total sinceridad: está a punto de morir. Sin embargo, en las palabras del personaje hay una paradoja. Él cree que morir en brazos de su amada es una forma extrema de vida, de felicidad.


Desenlace

Cuando la amada comprende instantáneamente el riesgo que corre su amado, es capaz de sacrificar muchas cosas. Por ejemplo, que la descubran en sus amores prohibidos. Es capaz de idear un plan: cree que si le lanza un cordón de seda desde su ventana él podrá ascender y llegar a sus brazos. Pero sabe que quizás el cordón no es suficiente: entonces es capaz de ofrecer sus trenzas como cuerdas.
Un fuerte componente simbólico se oye en sus palabras: la riqueza de la seda, la fragilidad del hilo que representa la vida que puede partirse en cualquier momento, el ofrecimiento del pelo como don sagrado lleno de energía y fuerza para alcanzar el objeto deseado, reunirse con el amado antes de que este muera, abrazarse por última vez…
Pero el narrador con su estilo neutro cuenta hechos desnudos: “la fina seda se rompe/la muerte que allí venía”.
En un final abierto y lleno de sugerencias, la voz de la muerte culmina el poema queriendo arrebatar al enamorado de este mundo, terminante y rigurosa, y convence a quien escucha de que, efectivamente, el enamorado en su acción desesperada de treparse a la ventana encuentra su propia muerte. La cuerda era demasiado fina.
¿Quién es el responsable de esta muerte? ¿Realmente la muerte consigue su objetivo, y se trata de un obvio final trunco? ¿El enamorado se rompe su cabeza llena de sueños? ¿O fue la imprudencia e ignorancia de la amada echándole tan solo un cordón de seda para que soporte su cuerpo la verdadera causante de la muerte del enamorado?
Todo es posible y esto es parte de la belleza del poema, pero si se recuerda la palabra “anoche” del inicio del poema, se sugiere que tal vez todo se trate de un sueño, de una terrible pesadilla.





miércoles, 25 de septiembre de 2024

ROMANCE DEL PRISIONERO

Introducción y tema



Se trata de un romance típicamente lírico, donde la anécdota es mínima, porque no se cuenta una historia ni surgen los diálogos típicos del Romancero.
La voz del yo lírico coincide con la del personaje central: un desconocido prisionero que lamenta la libertad perdida.
Es un poema muy breve que en principio elogia la vida y la primavera, para luego convertirse en una furiosa queja contra el poder que lo ha encerrado allí tal vez para siempre.
Apenas tiene acción y en la primera parte el yo lírico evoca y elogia la belleza del mundo cuando todo renace con la cercanía del sol y el calor. De pronto, en la mitad exacta del poema, a través del adversativo SINO, se explica que ese ser humano está hundido en una situación exactamente contraria, pues evidentemente está recluido en una mazmorra medieval adonde no llega la luz.
Las mazmorras eran calabozos subterráneos donde los presos solían estar encadenados con grilletes en la mayor oscuridad, y solo recibían agua y pan. El aislamiento era completo.

PRIMERA PARTE

Que por mayor era por mayo
cuando hace la calor
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor
cuando los enamorados
van a servir al Amor.

Aunque el poema parece sencillo, en verdad tiene una perfecta arquitectura. Estos ocho versos son el mundo recordado por el prisionero. El tiempo verbal del recuerdo es por excelencia el pretérito imperfecto: ERA. Eso demuestra que mayo pertenecía a una vida que él perdió.
Estamos en la Edad Media, en el siglo XV.  España pertenece al hemisferio Norte y cuando  es mayo está en plena primavera, es el mes anterior a junio (donde en Europa comienza el verano).
Aquí no se trata del inicio de la primavera (21 de marzo), sino del tiempo de mayor esplendor de la naturaleza.
Así que el yo lírico  se refiere en primer lugar al universo, que cíclicamente, cada año, deja de estar cubierto de frío y nieve y permite que con el calor la vida se reproduzca.
Inmediatamente pasa a los seres vivos, de los cuales menciona en primer lugar a los más emblemáticos del reino vegetal: los trigos y las flores.
El trigo, cuando encaña , muestra brotes verdes: empieza a crecer lo que se ha sembrado y se  cubren  los campos de color verde. Es una promesa de que la cosecha será buena: habrá trigo, habrá pan, abundancia, comida.
Por todas partes se ven también flores silvestres. Es un estallido de color, aromas, sensaciones táctiles y visuales. El poema realiza una ENUMERACIÓN de los elementos más significativos de la primavera.


La ENUMERACIÓN va cobrando cada vez más intensidad. Del mundo vegetal pasa a recordar el mundo animal, pero no cualquier ejemplar, sino los pájaros, símbolo por excelencia de libertad.
UN SÍMBOLO es un elemento visual que representa una idea o concepto abstracto y que cualquier persona es capaz de reconocer si pertenece a esa cultura. La flor es símbolo de belleza, la espiga de trigo es símbolo de fertilidad, el pájaro es símbolo de libertad.
Los pájaros cantan. Este hombre, aunque es un prisionero, conoce el canto de los pájaros. Sabe que la calandria es un ave que canta muy bien  y tiene una gran capacidad de imitar a otras aves. El ruiseñor asimismo es conocido en múltiples mitos como el ave que mejor canta, siendo capaz de hacerlo incluso de noche. También en la Edad Media era símbolo de la poesía y de los poetas que cantaban por amor.





La enumeración va IN CRESCENDO hasta que por fin llega al ser humano, pero no un ser humano en cualquier situación sino en una condición muy especial: enamorado. Los enamorados son el punto más perfecto de ese universo descrito como perfecto en primavera. Al usar el verbo "servir"da la impresión de que estuvieran al servicio de un dios, el Amor.
Ello nos recuerda la mitología griega, donde se veneraba a dos dioses vinculados al Amor: Venus por un lado (llamada también Afrodita), y su hijo Eros o Cupido.
La primavera es el tiempo de la reproducción y del triunfo de la fertilidad: el ser humano pertenece a ese mundo que anhela sobrevivir a través de los siglos y a la vez desea renovarse.


SEGUNDA PARTE


Sino yo, triste, cuitado
que vivo en esta prisión
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son
sino por una avecilla
que me cantaba al albor
¡matómela un ballestero
déle Dios mal galardón!


A partir de la palabra sino (que funciona para crear una gran antítesis entre la primera parte del poema y la segunda parte), el texto cambia completamente.
Ya no hay ANÁFORAS (repeticiones de una palabra a principio de verso, como la palabra "Cuando"), ni la sensación de que el personaje está cantando una canción.
Ahora el ritmo se hace entrecortado por comas , como si quien habla estuviera llorando. Los adjetivos que sugieren desesperación se superponen:"Triste, cuitado".
La definición de lo terrible que es esa cárcel lo dan solo dos versos: "que no sé cuándo es de día,/ni cuándo las noches son".




El estar en una mazmorra, hace que al prisionero le esté vedada la luz, SÍMBOLO DE VERDAD, DEL BIEN, DE DIOS. Hubo, sin embargo, muy cerca de él un ser vivo que por un tiempo pareció hacerlo olvidar de su terrible soledad: se trata de un ave seguramente pequeña, que en algún lugar de la cárcel-castillo cantaba festejando la primavera.
El prisionero, un hombre que sabe de pájaros (pues nos ha hablado de calandrias y ruiseñores) no parece saber de qué especie se trata, Pero el diminutivo -ILLA muestra la dulzura que le inspira. Le devuelve el sentido del paso del tiempo, que le estaba vedada por estar sumido en la oscuridad.
El avecilla pasa a ser amada como algo propio del prisionero, pues le recuerda el alba y la esperanza. De ahí que use el posesivo matóMEla: como si el ave le perteneciera y fuera su amiga.
Pero todo ello fue efímero, pues de un momento para otro, el canto se suspendió.
El prisionero lo atribuye a la maldad del guardia de la prisión, que en su aburrimiento se dedicó a matar pájaros con el arma que tiene en la mano. La ballesta se usa para evitar las fugas de los prisioneros, pero también para saciar la sed de muerte y sangre el guardia.
El poema termina con una IMPRECACIÓN O MALDICIÓN. Por fin aparece una referencia a Dios en el poema. El prisionero jamás reza, pero sí  se invoca a Dios que funciona como agente de venganza.
El preso desea que algo terrible le suceda al ballestero: "mal galardón", significa mal premio, castigo.
Y el prisionero queda nuevamente en soledad, sino el ave y sin la humanidad que significa reconocer el día y la noche y estar en contacto con otros seres vivos.





lunes, 23 de septiembre de 2024



DICCIONARIO DE RECURSOS LITERARIOS

habituales en el Romancero viejo





ABIERTO- Tipo de final en donde el lector completa con su imaginación los vacíos y misterios que se manifiestan en el desenlace del texto.( "Y abrí las puertas de par en par", Romance de Moraima)

ALITERACIÓN- Sonido sugerente que se repite en un mismo verso para generar una sensación
("Un sueño soñaba anoche/ soñito del alma mía/ soñaba con mis amores", Romance del enamorado y la muerte)

ANÁFORA- Recurso musical de la poesía donde se repite la primera palabra en distintos versos.( ("Ayer era rey de España/ hoy no lo soy de una villa/ ayer villas y castillos/ hoy ninguno poseía", Romance El reino perdido)

ANTÍTESIS- dos elementos opuestos que aparecen asociados y cercanos.( "que ni sé cuándo es de día/ ni cuándo las noches son", Romance del prisionero).

ASONANTE- Tipo de rima donde solo coinciden las vocales a partir del último acento del verso. ( "quién te tuviera esta noche/ en mi jardín florecido/ válgame Dios Gerineldo/ qué cuerpo tienes tan lindo"

AUTOR- persona que concibe y escribe una obra literaria.( juglar, trovador)

COMPARACIÓN- Recurso literario que asocia por semejanza un elemento real y otro imaginario mediante un nexo. ("vi entrar señora muy blanca/ muy más que la nieve fría", Romance del enamorado y la muerte)

COMPLICACIÓN- Momento de la narración en que cambia el destino del personaje a partir de algo inesperado.( "Despertado había el rey/ de un sueño despavorido/ - ¡O me roban a la infanta/ o traicionan el castillo!", Romance de Gerineldo)

CONSONANTE- Tipo de rima donde coinciden vocales y consonantes a partir de la última vocal acentuada del verso. (No utilizada en los romances).

DESCRIPCIÓN- Mostrar las características de un personaje, un paisaje o un objeto a través de palabras. ("Las armas lleva abolladas/ que eran de gran pedrería/ la espada lleva hecha sierra/ de los golpes que tenía/ la cara lleva hinchada/ del trabajo que sufría", El reino perdido).

DIÁLOGO- Los personajes hablan entre sí directamente, sin mediación del narrador. ("-¡Abráisme la puerta, mora/ que Alá te guarde de mal!-¿Cómo te abriré, mezquina/ si no sé quién te serás.?, Romance de Moraima.)

EMBLEMÁTICO- Tipo de título que resume o señala la acción principal de una historia ( Romance de una fatal ocasión).

ENUMERACIÓN- Serie de elementos que tienen algo en común y que el narrador utiliza uno a continuación de otro. ("Dábame la vida mala/dábame la vida negra/ de día majar esparto/ de noche moler cibera/ con un frenito en la boca/ para que de ello no comiera", Romance del cautivo del renegado)

EPÍTETO- Fórmula que acompaña al nombre y define al personaje, repitiéndose en el poema ("Gerineldo/ Gerineldo/ paje del rey más querido", Romance de Gerineldo y la infanta)

EPÓNIMO- tipo de título que lleva el nombre de un personaje o lo menciona.( Romance de Moraima, Romance del prisionero)

ESPACIO- donde suceden los acontecimientos del relato. ("que vivo en esta prisión/ que ni sé cuándo es de día", Romance del prisionero.

ETOPEYA- característica psicológica de un personaje ("qué galana va la niña", Romance de una fatal ocasión.

GRAFOPEYA- característica física de un personaje ("y si el cordón no alcanzare, mis trenzas añadiría", Romance del enamorado y la muerte).

HIPÉRBATON- Trastocar en un verso el orden convencional de las palabras. (" ¿Y a dónde iré, mi señora, que del rey no sea visto?",  Romance de Gerineldo y la infanta)

HIPÉRBOLE- Exageración para dar mayor fuerza a una imagen poética.("con su andar siega la yerba,/ con los zapatos la trilla", Romance de una fatal ocasión)

IMPRECACIÓN- Suerte de queja o maldición que lanza un personaje a otro ("¡Déjame, triste enemigo/ malo falso ruin traidor/ que no quiero ser tu amiga/ ni casar contigo, no!", Romance de Fontefrida)

INTERNO- Narrador que es a la vez personaje y cuenta la historia desde su propia perspectiva ("Mi padre era de Ronda/ y mi madre de Antequera", Romance El cautivo del renegado)

METÁFORA- Imagen que sustituye un elemento real, al cual evoca, de tal modo que solo se menciona la imagen, sin nombrar de aquello de lo que en verdad se habla ("de esa rosa que has cortado/ mi espada será testigo", Romance de Gerineldo y la infanta.)

MÉTRICA- Cantidad estable de sílabas que utilizan varios versos.( "en/ mi /jar/dín/flo/re/ci/do", Romance de Gerineldo y la infanta).

NARRADOR- voz que cuenta la historia en un relato. ( "Las huestes de don Rodrigo/ desmayaban y huían", Romance del rey Rodrigo.

OCTOSÍLABO- verso característico de las lenguas romances en que se compusieron una gran cantidad de poemas populares - entre ellos el Romancero viejo- y que posee ocho sílabas ( "Qui/so/Dios/ y/la/for/tu/na/", Romance el cautivo del renegado)

OMNISCIENTE- Narrador que lo sabe todo. ( "Despertado había el rey/ de un sueño despavorido", Romance de Gerineldo y la infanta)

PARALELISMO- Decir algo similar con palabras semejantes en el verso siguiente. ("Dábame la vida mala/ dábame la vida negra", Romance El cautivo del renegado)

PERSONAJE- ser ficticio que interviene en la historia de un relato. ("Yo me era mora Moraima/ morilla de un bel catar", Romance de Moraima)

PERSONIFICACIÓN- Dar características humanas a un objeto o a un animal o a una idea. ("vi entrar señora muy blanca/ (...) / -No soy el amor, amante/la muerte que Dios te envía", Romance del enamorado y la muerte)

RIMA Coincidencia de sonidos entre distintos versos. Si la última palabra es aguda o un monosíalbo, solo hay coincidencia en la última sílaba y la vocal acentuada vale por dos ( "que no quiero haber marido/ por que hijos no haya, no, / no quiero placer con ellos/ ni menos consolación", Romance de Fontefrida)

SECUNDARIO- Personaje que habla o actúa pero que no es relevante en la historia. ("encontró al santo ermitaño/ a la puerta de una ermita: / -Entiérrame este cadáver/por Dios y Santa María", Romance de una fatal ocasión).

SILUETA- Personaje que solo es mencionado pero que no actúa ni habla en la historia.("mi padre no fue a palacio/ mi madre no está dormida", Romance del enamorado y la muerte")

SIMBÓLICO- tipo de título que da la clave del texto a partir de un elemento marginal. (Romance de Fontefrida)

SÍMBOLO- Imagen visual que representa un concepto o ideal para un grupo social, que todos comprenden. ("la espada del rey mi padre/ entre los dos ha dormido", Romance de Gerineldo y la 
infanta)

SINALEFA- Recurso sonoro por el cual suenan como parte de una sola sílaba la última vocal de una palabra y la primera de la siguiente. ("cuando canta la calandria/ y - res- pon- de el- rui-se-ñor, Romance de Fontefrida)

TRUNCO - Final donde el yo lírico  o voz narradora concluye en forma sorpresiva lo narrado. ("matómela un ballestero/ dele Dios mal galardón", Romance del prisionero).

VERSO- Forma en que habitualmente está escrita la poesía: cada uno de las líneas en que se distribuye el texto de un poema. ( "Abenámar, Abenámar/ moro de la morería", Romance de Abenámar)

VOCATIVO- Llamado o pedido de escucha de un personaje a otro: ( "Gerineldo, Gerineldo/ paje del rey más querido", Romance de Gerineldo)

YO LÍRICO- Voz que más que contar una anécdota comunica deseos, sueños, sentimientos y recuerdos mediante un lenguaje intensamente lírico ( "Que por mayo era por mayo/ cuando hace la calor",Romance del prisionero.)




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sábado, 21 de septiembre de 2024

ALGUNOS RECURSOS LITERARIOS



ANTITESIS: dos elementos opuestos que aparecen asociados
la MUERTE me está buscando
junto a ti VIDA SERÍA

COMPARACION-  Recurso literario que asocia por semejanza un elemento real y otro imaginario mediante un nexo.
porque en mortuorios y cofradías (el clérigo) comía COMO LOBO.

PERSONIFICACION- Dar características humanas a un elemento, objeto o a un animal.
vi entrar SEÑORA MUY BLANCA

DESCRIPCIÓN- Mostrar las características de un personaje, un paisaje o un objeto a través de palabras.

ENUMERACION- Serie de elementos que tienen algo en común y que el narrador utiliza uno a continuación de otro.

METAFORA: Imagen que sustituye un elemento real, porque ambos guardan un parecido entre sí.
salí del TRUENO y caí en el RELÁMPAGO

YO LÍRICO: voz que habla en el poema.

PARALELISMO: Dos versos tienen la misma estructura y transmiten la misma idea uno a continuación del otro.
 muy de prisa se calzaba
más de prisa se vistiera

RIMA: Coincidencia de sonidos a partir de la última vocal acentuada al final de dos versos diferentes.

MÉTRICA: Número predeterminado de sílabas que tienen todos o algunos versos de un poema.
so/ñi/to/del/al/ma/mí/a (octosílabo)

ANÁFORA: Repetición de la misma palabra a comienzo de distintos versos.
¡ÁBREME la puerta, blanca,
¡!ÁBREME la puerta, niña!

VOCATIVO: Invocación o llamado que se hace a comienzos de un verbo a alguien que escuchará el poema.
¡Ay MUERTE, tan rigurosa

ROMANCE DE MORAIMA

Análisis del Romance de Moraima


Cronología
Se trata de un romance catalogado como fronterizo, porque en su temática aborda la llamada Guerra de Reconquista, entre cristianos y moros, que se disputaron por siete siglos el dominio de la Península Ibérica.
Los árabes invadieron lo que hoy es España y Portugal en el 711 d.c. y los cristianos intentaron recuperar los territorios en una guerra larga e intermitente donde, si bien los cristianos iban avanzando desde el norte, hubo períodos de convivencia y paz entre ambas culturas.
Los romances son poemas que pertenecen al siglo XV, y teniendo en cuenta que la derrota definitiva de los musulmanes fue la caída de Granada en 1492, puede pensarse que la composición de este poema fue contemporánea a los últimos tiempos de esta guerra, cuando los cristianos iban venciendo a los moros.

Un mapa de la Reconquista ya avanzada. En verde, los territorios árabes.


El personaje central

Como todos los romances, el poema empieza con un comienzo abrupto donde se da poca pero muy importante información  sobre el personaje. En este caso, la protagonista cuenta su historia. Es yo lírico y personaje, pero al iniciarse el romance en el pretérito imperfecto "era", da la impresión de lo que contará es parte de su pasado y por lo tanto un recuerdo.

Yo me era mora Moraima
morilla de un bel catar.


En el primer verso la voz que habla se autodefine como "mora". Es lo primero que dice de sí misma. Pero los romances eran poemas en lengua castellana que los juglares cantaban a un público que hablaba castellano, no árabe. Se supone que quienes escuchan esta historia al juglar son parte de los vencedores, es decir, de los cristianos.
¿Por qué entonces colocar a una mora como protagonista? Este es un elemento común a muchos romances fronterizos que cuentan la historia desde el lado de los vencidos con una fuerte empatía hacia ellos, aunque se supone que los juglares cantaban en un contexto cristiano.
El nombre Moraima contiene una palabra escondida (Mora...), por lo que se reafirma la identidad del personaje. En el segundo verso la repetición viene acompañada de un diminutivo "morilla". Los diminutivos sirven en español para comunicar cariño, juventud y fragilidad. Todo ello parecía tener en el pasado Moraima, que además era "de un bel catar".
Aquí se usan en el poema palabras antiguas denominadas "arcaísmos". Bello se abrevia y se sustituye por "bel", catar en el castellano antiguo significa "mirar". Puede interpretarse que el personaje tenía unos hermosos ojos, o una hermosa mirada, o que mirarla era bello. Lo que nadie puede dudar es de la belleza de la mora.



Pero parece que esta conformidad consigo misma puede ser perdida por el personaje. El antes y el después es el componente trágico del poema.


Un hecho desgraciado

A partir de allí se narra cómo un cristiano la engaña para poder acceder a ella. El romance no aclara el  misterio de por qué una muchacha mora está sola en su casa, durmiendo, quizás de noche. El personaje cuando cuenta la historia ya conoce el engaño que le jugaron, por eso informa que el que vino hasta su puerta a engañarla era un cristiano: 

cristiano vino a mi puerta,
cuitada, por me engañar.
Hablóme en algarabía
como aquel que la bien sabe:
-Abrásme la puerta, mora
si Alá te guarde de mal.

Nada bueno puede esperarse de un mentiroso. Este cristiano no cumple con las leyes de su propia religión, pues lo que busca con el engaño no es más que poseer a la mora. Nunca sabremos si para robarla, raptarla, violarla o tomarla como esclava.
Lo cierto es que para engañarla usa varias mentiras. La primera herramienta del engaño es que le habla en "algarabía", que era la forma con que se designaba a la lengua árabe en la Edad Media.
Moraima cree que es uno de los suyos, que es de su pueblo, y que la va a respetar. El cristiano se hace pasar por moro y como si fuera poco le da una bendición musulmana, citando a Alá, lo cual desde un punta de vista moro es un sacrilegio.
Aún así, la joven e inocente mora le contesta con una pregunta retórica (que no espera respuesta), donde se demuestra que conoce y respeta los códigos con que la han educado:

¿Cómo te abriré, mezquina,
que no sé quién te serás?

Una muchacha no debe abrir la puerta a desconocidos, porque es peligroso, quizás le ha advertido la madre. De hecho, lo que le han enseñado se cumple y ahora que cuenta la historia el personaje parece estar arrepentido, pues en medio de su discurso aparecen adjetivos donde se califica ella misma negativamente: "cuitada" (desgraciada), "mezquina" (necesitada, con mala suerte).
Pero en aquel momento ya lejano el cristiano que se hace pasar por moro a través de la puerta la persuade a través de un parlamento. Mientras la puerta permanece cerrada él exclama más mentiras:

-Yo soy el moro Mazote
hermano de la tu madre
que un cristiano dejo muerto,
tras mí venía el alcalde.


La puerta cerrada en el Romancero es muchas veces símbolo de imposibilidad, pero también en un contexto erótico puede representar la virginidad del personaje.
Moraima se resiste a abrir la puerta, ella es una doncella pura, pero el parlamento del hombre que está detrás de la puerta es muy persuasivo. Se hace pasar por un pariente de la madre. Las familias, que eran muy extendidas, tenían un gran peso en la cultura mora y a ella se le debía fidelidad.
El cristiano inventa un nombre que para quien conoce el español suena ridículo (Maz-ote), con un sufijo que aumenta y distorsiona. También crea una historia falsa en donde él se muestra como enemigo de los cristianos y por lo tanto defensor del pueblo moro.
Se presenta como héroe de la guerra y como víctima perseguida por el enemigo. Su parlamento termina en una súplica donde parece dejar la responsabilidad de su vida en Moraima.


El cambio en el destino.

Moraima, que parece haber estado durmiendo en paños menores, se levanta y no encuentra su brial, una túnica que la hubiera cubierto totalmente. En cambio, solo encuentra una "almejía", un vestido de ropa interior corto que deja ver partes de su cuerpo.
En la urgencia por salvar al moro perseguido va a abrir la puerta de ese modo, se sugiere que su belleza se advierte en todo su esplendor. Una fuerte sensualidad imagina el receptor de este poema. La hermosa mora inocente, con su cuerpo a la vista, abre la puerta de "par en par".
Allí el romance hace silencio y tiene un final trunco. La puerta como símbolo de la sexualidad femenina sugiere que el cristiano va a lograr su cometido y forzará a la doncella mora.


El final es abierto y da a lugar a que quien escucha el romance imagine cuál va a ser el destino de Moraima.
Pero repasando el romance, se encuentra la repetición de los adjetivos cuitada que indica que desde allí en más su vida ha sido desgraciada. El pasado "era mora Moraima" sugiere que quizás haya debido cambiar de nombre, de religión y que haya sufrido abusos.
Si bien el final abierto apunta a una muchacha que abre la posibilidad de experimentar su cuerpo y el mundo de afuera, es realmente canallesco el modo en que la engaña el cristiano.
Tal vez la voz de Moraima represente la voz de las mujeres que sufren abusos en las guerras por parte de los soldados enemigos.

Algunos recursos literarios:

aliteración: repetición de un mismo sonido en un verso, por ejemplo, la /m/
Yo me era mora Moraima

antítesis: oposición entre dos términos cercanos
si no me abres tú, mi vida,
aquí me verás matar

hipérbaton: cambio en el orden lógico de la frase en un verso
cristiano vino a mi puerta,
cuitada, por me engañar



viernes, 20 de septiembre de 2024

ROMANCE DE "EL CAUTIVO DEL RENEGADO"



Tema y clasificación

Es un romance, es decir, un poema medieval español, cantado primero por juglares y luego transmitido oralmente de generación en generación. Como todos los textos de transmisión oral han quedado de él diferentes versiones.
La que utilizamos aquí es la que, por medio de un final trunco, termina con la voz del ama exhortando al cautivo que regrese a su tierra. Pero sabemos que hay muchas otras versiones en donde el romance continúa con una historia de amor y aventuras.
Por su temática, se ubica dentro de los romances fronterizos: el cautivo y el renegado son personajes que simbolizan el conflicto religioso y étnico que se vivió cuando moros y cristianos se disputaron la Península Ibérica.
La voz que habla en el poema es la del cautivo, de quien no sabemos su nombre, pero sí su origen: lo primero que dice de él es a dónde pertenece. Se trata evidentemente de un cristiano del sur de España, capturado por los árabes en la Guerra de la Reconquista.
El cautivo no es solo el personaje principal, a quien suceden los hechos fundamentales de la historia, sino que es el yo lírico que expresa sentimientos y deseos, y también es la voz narradora que cuenta su propia historia en primera persona.



Presentación


Los romances son muy sintéticos y sugieren más de lo que dicen, por eso se deduce de las palabras del cautivo el lugar en el que nació, el sur de España. Menciona Ronda y Antequera, que son dos ciudades muy bellas cercanas a Málaga. 
Se deduce que probablemente el personaje es joven, porque en su memoria afectiva aparecen en primer término sus padres, a quienes seguramente extraña.
La presentación del personaje pronto sufre un problema: su vida cambia de triste manera cuando es cautivado y llevado a vender como esclavo lejos de su tierra, en la costa de Marruecos, en un islote donde se ubica el almoneda o mercado donde lo van a rematar como si fuera un objeto.
Los topónimos, nombres de lugares, señalan al oyente del romance la tragedia de la guerra y el desarraigo del personaje.
La estadía en el mercado muestra el sufrimiento del Yo Lírico a través de los versos “siete días con sus noches, anduve en el almoneda”. Es una característica de los romances usar el mítico número 7 y también el uso de antítesis –oposición de imágenes o conceptos- en este caso el contraste entre noche y día.
Da la impresión que en el mundo moro en el cual ahora está inserto nadie se interesa por el joven cristiano. Quizás sea aún un adolescente sin fuerzas, o quizás es un joven de clase alta que por sus manos se ve que nunca ha hecho un trabajo duro.


Complicación




Otros personajes de importancia surgen entonces en la narración: en primer lugar, el renegado, que resulta ser el antagonista u oponente de la historia. Es el único que está dispuesto a comprarlo en el mercado donde todos desprecian al joven cautivo. Pero este hombre rico (se enfatiza la mano en la bolsa y la cantidad de monedas que paga por el cristianito) compra un cristiano para torturarlo.
Como muchos romances, este poema es ambiguo: no sabemos por qué este hombre , llamado solo por su condición religiosa ( un renegado es casi un traidor), abandonó la religión católica, aunque el interés monetario está sugerido por su evidente riqueza. Tampoco se sabe por qué manifiesta esa saña con su esclavo cristiano. Tal vez para tomarse la revancha con el mundo que él ha abandonado.
La historia llega a su máxima complicación cuando el narrador en primera persona o yo lírico explica la aterradora vida que lleva en la casa del renegado.
Se manifiesta el dolor también por su repetición, como si el tiempo no pasara.
Para ello se utiliza el recurso del paralelismo: “Dábame la vida mala/ dábame la vida negra”. Por medio de la repetición y la intensidad de la metáfora se transmite el horror de esa vida.
Luego el personaje da más detalles de su historia en poder del renegado: trabaja día y noche (otra vez antítesis) y machaca esparto o muele trigo (paralelismo) .Se trata de trabajos forzados que no se ven compensados por el sueño o el alimento. El frenillo en la boca con que el amo impide que el cautivo robe comida es un símbolo de su extrema crueldad. Y del hambre que pasa el protagonista, que hubiera sido capaz de comer cibera, es decir, granos de trigo crudo.


Desenlace


“Quiso Dios y la fortuna

que tenía el ama buena”.




La historia trágica del cautivo parece llegar a su resolución. Quizás protegido por Dios, o quizás solo una cuestión de suerte, llega al cautivo la ayuda de otro personaje, el ama.
Esta mujer, de la que solo se informa su condición (es el ama, o sea esposa del renegado, y vive en tierras musulmanas), es “buena”. El adjetivo bueno contrasta con todas las torturas que ha sufrido el cautivo.
El ama es el personaje ayudante que ofrece dones al personaje: pan, vino y bondad. A pesar de ser mora ella parece poseer los valores cristianos de los que carece su marido.
El renegado, que continúa con las costumbres de cristiano viejo (caza para comer carne, como los nobles, bebe buen vino cuando el Corán prohibe el alcohol) y no parece amar a su esposa, a la que abandona con frecuencia.
El afecto entre el cautivo y el ama se ve en la imagen muy contundente del acercamiento físico entre ambos personaje: el cautivo yace al final del poema en el regazo del ama y esta lo despioja, maternalmente.
Esto sugiere que entre ambos hay una relación física, y aunque en otras versiones del poema se explicita que entre ellos hubo una relación sexual, en esta queda limitado a estas manifestaciones de dulzura y protección.
El poema termina con un final abierto, es también un final trunco, pues el ruego del ama “Cristiano, vete a tu tierra”, no recibe respuesta. El ama quiere ofrecerle la libertad, el regreso a su condición social, etc. pero al parecer el cautivo no concreta la evasión.
El texto es ambiguo: las caricias y el ofrecimiento de la libertad son simultáneas, cada día le decía que se fuera, por lo tanto, aún está ahí, en brazos del ama.
El símbolo de la cadena sugiere mucho: estando el renegado, el cautivo debe sufrirla, pero cuando se va, el ama se la quita.
Esta aparición y desaparición de la cadena simboliza la indecisión del cautivo, que debe decidir entre el amor y la libertad.
Los oyentes del romance, con su imaginación, completaban la historia cantada por el juglar.
Como todos los romances, es este poema una tirada de versos octosílabos con rima asonante en los versos pares. Su título adelanta el conflicto, por lo tanto es emblemático, pero nombra sus principales personajes, por lo tanto también es epónimo.



Imagen de moros y cristianos.


El cautivo del renegado

Es un romance, es decir, un poema medieval español, cantado primero por juglares y luego transmitido oralmente de generación en generación. Como todos los textos de transmisión oral han quedado de él diferentes versiones.
La que utilizamos aquí es la que, por medio de un final trunco, termina con la voz del ama exhortando al cautivo que regrese a su tierra.
Por su temática, se ubica dentro de los romances fronterizos: el cautivo y el renegado son personajes que simbolizan el conflicto religioso y étnico que se vivió cuando moros y cristianos se disputaron la Península Ibérica.
La voz que habla en el poema es la del cautivo, de quien no sabemos su nombre, pero sí su origen: lo primero que dice de él es a dónde pertenece. Se trata evidentemente de un cristiano del sur de España, capturado por los árabes en la Guerra de la Reconquista.
Los romances son muy sintéticos y sugieren más de lo que dicen, por eso se deduce de las palabras del cautivo el lugar en el que nació (Ronda y Antequera son dos ciudades muy bellas cercanas a Málaga), y que probablemente el personaje es joven, porque en su memoria afectiva aparecen en primer término sus padres.
La presentación del personaje pronto sufre una complicación: su vida pega un giro cuando es cautivado y llevado a vender como esclavo lejos de su tierra, en la costa de Marruecos, en un islote donde se ubica el almoneda o mercado donde lo van a rematar como si fuera un objeto.
Los topónimos, nombres de lugares, señalan al oyente del romance la tragedia de la guerra y el desarraigo del personaje.
La estadía en el mercado muestra el sufrimiento del Yo Lírico a través de los versos “siete días con sus noches, anduve en el almoneda”. Es una característica de los romances usar el mítico número 7 y también el uso de antítesis –oposición de imágenes o conceptos- en este caso el contraste entre noche y día.
Otros personajes de importancia surgen entonces en la narración: en primer el renegado, que resulta ser el antagonista u oponente de la historia. Es el único que está dispuesto a comprarlo en el mercado donde todos desprecian al joven cautivo. Pero este hombre rico (se enfatiza la mano en la bolsa y la cantidad de monedas que paga por el cristianito) compra un cristiano para torturarlo.
Como muchos romances, este poema es ambiguo: no sabemos por qué el amo abandonó la religión católica, aunque el interés monetario está sugerido por su evidente riqueza. Tampoco se sabe por qué manifiesta esa saña con su esclavo.
La historia llega a su máxima complicación cuando el narrador en primera persona o yo lírico explica la aterradora vida que lleva en la casa del renegado.
Se manifiesta el dolor también por su repetición, como si el tiempo no pasara.
Para ello se utiliza el recurso del paralelismo: “Dábame la vida mala/ dábame la vida negra”. Por medio de la repetición y la intensidad de la metáfora se transmite el horror de esa vida.
Luego el personaje da más detalles de su historia en poder del renegado: trabaja día y noche (otra vez antítesis) y machaca esparto o muele trigo (paralelismo) .Se trata de trabajos forzados que no se ven compensados por el sueño o el alimento. El frenillo en la boca con que el amo impide que el cautivo robe comida es un símbolo de su extrema crueldad.

“Quiso Dios y la fortuna/ que tenía el ama buena”.

La historia trágica del cautivo parece llegar a su resolución. Quizás protegido por Dios, llega al cautivo la ayuda de otro personaje, el ama.
Esta mujer, de la que solo se informa su condición (es el ama, o sea esposa del renegado, y vive en tierras musulmanas), es “buena”. El adjetivo bueno contrasta con todas las torturas que ha sufrido el cautivo.
El ama es el personaje ayudante que ofrece dones al personaje: pan, vino y bondad. A pesar de ser mora ella parece poseer los valores cristianos de los que carece su marido.
El renegado, que continúa con las costumbres de cristiano viejo (caza para comer carne, como los nobles, bebe buen vino cuando el Corán prohibe el alcohol) y no parece amar a su esposa, a la que abandona con frecuencia.
El afecto entre el cautivo y el ama se ve en la imagen muy contundente del acercamiento físico entre ambos personaje: el cautivo yace al final del poema en el regazo del ama y esta lo despioja, maternalmente.
Esto sugiere que entre ambos hay una relación física, y aunque en otras versiones del poema se explicita que entre ellos hubo una relación sexual, en esta queda limitado a estas manifestaciones de dulzura y protección.
El poema termina con un final abierto, es también un final trunco, pues el ruego del ama “Cristiano, vete a tu tierra”, no recibe respuesta. El ama quiere ofrecerle la libertad, el regreso a su condición social, etc. pero al parecer el cautivo no concreta la evasión.
El texto es ambiguo: las caricias y el ofrecimiento de la libertad son simultáneas, cada día le decía que se fuera, por lo tanto, aún está ahí, en brazos del ama.
El símbolo de la cadena sugiere mucho: estando el renegado, el cautivo debe sufrirla, pero cuando se va, el ama se la quita.
Esta aparición y desaparición de la cadena simboliza la indecisión del cautivo, que debe decidir entre el amor y la libertad.
Los oyentes del romance, con su imaginación, completaban la historia cantada por el juglar.
Como todos los romances, es este poema una tirada de versos octosílabos con rima asonante en los versos pares. Su título adelanta el conflicto, por lo tanto es emblemático, pero nombra sus principales personajes, por lo tanto también es epónimo.



martes, 17 de septiembre de 2024

Garcilaso: Soneto XIII

Garcilaso de la Vega (1501-1536)


Fue un hombre culto, sensible, rico, noble, valiente y dicen los testimonios que bello. Escribía extraordinarios poemas de amor. Sin embargo, gran parte de su obra gira en torno a una obsesión: el desamor. El deseo del amante y el rechazo o ausencia del amado es el drama existencial que inspira muchos de sus poemas.
Por eso, como buen hombre del Renacimiento, toma prestado de la mitología griega un mito que se plantea esta conflictividad tan inherente a la condición humana. Se trata del mito de Dafne y Apolo.
La primera, una diosa menor, una ninfa, es perseguida y acosada por un desesperado Apolo (dios del sol, de la poesía y de la música), que se ha enamorado perdidamente de ella, y dado su poder, no acepta el rechazo de Dafne.
Dafne, antes de ser atrapada y poseída a la fuerza por Apolo, pide ayuda a su padre, el dios de los ríos. Este la ayuda a transformarse en árbol, y de esa manera Dafne logra evadir a Apolo mientras este queda lleno de dolor, doblemente: por no haber sido correspondido en su amor y porque Dafne ya no será nunca más una hermosa ninfa, sino un ente extraño, con la piel convertida en áspera corteza.
Muchos lectores creen ver en el tema predilecto de Garcilaso una proyección de lo sucedido en su vida: amó intensamente a una joven portuguesa, dama de la reina, Isabel Freire, quien finalmente lo rechazó y se casó con otro hombre. 




¿Qué es un soneto?


Un soneto es un poema con una estructura estrictamente establecida. Es un texto lírico muy breve y muy intenso. Todo soneto plantea en sus dos primeras estrofas un conflicto y en los tercetos ese problema es razonado y se arriba a una conclusión. Por eso el soneto debe brillar no solo por su belleza poética sino por su capacidad de reflexión, por su inteligencia. 
Los sonetos comenzaron a escribirse en Italia y en el Renacimiento tuvieron un gran éxito. Garcilaso, cuando estuvo exiliado en el Sur de Italia (Nápoles) varios años, tuvo la oportunidad de encontrarse con el extraordinario arte del Renacimiento Italiano que dio genios como Leonardo da Vinci.
Se dice que el soneto XIII el yo lírico parece estar observando un cuadro, una pintura que trata el tema de Apolo y Dafne y lo conmueve profundamente.
El soneto tiene una estructura fija: una vez que el poeta elige esta forma de poema debe atenerse a ella.
Su figura sería así:

-----------                                                                            CUATRO ESTROFAS 
-----------               Primer cuarteto                    
-----------
-----------

-----------
-----------               Segundo cuarteto
-----------                                                                                
-----------

-----------
-----------               Primer terceto
-----------

-----------
-----------               Segundo terceto                                       CATORCE VERSOS
-----------


Las estrofas son grupos de versos. Entre ellas hay un silencio que se visualiza como un espacio en blanco. Los versos que usa Garcilaso son ENDECASÍLABOS, es decir, de once sílabas.

A - Daf- ne- ya-los-bra-zos-le- cre-cí-an
1       2     3    4    5    6     7   8    9   10   11

La metamorfosis de Dafne (cuartetos)





El soneto comienza con la mención explícita a Dafne. Todo aquel lector del Renacimiento conocía bien este mito. No es necesario explicar por qué a Dafne le sucede esa transformación. El lector del poema sabe que Dafne se transforma en árbol para huir del acoso de Apolo, gracias al poder de su padre, el dios de los ríos.
En el primer cuarteto describe la metamorfosis de la ninfa desde la parte superior de su cuerpo:

A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban.

El primer dato de que la transformación no es mágica ni repentina, sino un proceso casi doloroso, es el uso de los verbos en pretérito imperfecto, tiempo que implica duración: "crecían", "mostraban".
Desde el inicio la hermosura de Dafne se deforma. No es normal tener brazos tan largos como ramas, pero estas además de ser "luengas"son torcidas. Un árbol no tiene la simetría y perfección de un cuerpo humano, el cuerpo que tanto admiraron los renacentistas, como se observa en el famoso dibujo de Leonardo da Vinci "El hombre de Viterbo".
Los siguientes versos del poema muestran cómo crece la metamorfosis: un elemento constitutivo de la belleza y la femineidad, el cabello -que en los códigos estéticos manejados debía ser rubio para ser más hermoso-, pasa a ser algo absolutamente insólito... hojas verdes.
Así, se pasa de una cabellera brillante y armónica que competía con el oro y lograba brillar más que este ("los cabellos que el oro escurecían"), a un follaje caótico y verde, como una inmensa peluca estridente.
En este cuarteto se hace referencia, casi al pasar, al YO LÍRICO: "en verdes hojas VI que se tornaban". ¿Quién es el sujeto del verbo ver? Es el mismo ser que describe el desgarramiento del cuerpo de Dafne, al que asiste impotente y quizás con horror.
En el segundo cuarteto la mirada del yo lírico va bajando y se topa con los "tiernos miembros"de la ninfa, que parece estar desnuda. Se hace referencia aquí a la atracción erótica que despierta Dafne.
Pero la transformación no es total todavía: los muslos o piernas de Dafne todavía tienen temblor, movimiento, vida humana, que contrasta con la quietud del tronco de un árbol.
Otro tiempo verbal que da idea de continuidad y de tiempo en proceso es el gerundio: "bullendo".
El cambio atroz sufrido por el cuerpo de Dafne culmina en los pies. Los pies de Dafne, como los de toda doncella idealizada en el arte renacentista, debían ser pequeños, blancos, perfectos. Pero en el cambio que está experimentando ese cuerpo los femeninos pies crecen, se retuercen, cambian de color, se hunden en la tierra.
Puede decirse que hay una cadena  de antítesis entre el anterior cuerpo perfecto de Dante y este nuevo ser extraño que no termina de ser árbol todavía, por ahora es casi un monstruo.
Es entonces que llegan los tercetos, y la metamorfosis termina. Es el momento en que el poema se refiere a Apolo, el poderoso dios que no consiguió satisfacer su deseo.


Los tercetos: el dolor del amante rechazado


El primer terceto se centra en el personaje de Apolo, a quien no se menciona directamente, sino que se lo alude con el pronombre "Aquel". Él ha sido la causa del desastre antes descrito, la pérdida de la identidad corporal de Dafne. 
Pero el DAÑO no solo es sufrido por el desgarrado cuerpo de Dafne -por la pérdida de su identidad de mujer-, sino que el desastre lo comparte el causante de todo, Apolo, aún más desgraciado que ella.
El enamorado ardiente ahora solo puede llorar, por todo el mal que ha producido y por no poder poseer a Dafne. Llora (como tantos hombres en los mitos griegos),  y sus lágrimas solo logran empeorar su situación, porque las lágrimas funcionan como agua que nutre y fortifica el árbol.

"a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba"

Es una PARADOJA: el deseo de Apolo, al no ser satisfecho, se convierte en dolor, y cuanto más muestra su dolor, más rechazo obtiene.
Hay un crecimiento del ritmo y el nerviosismo del soneto. En los tercetos se cambia la rima, que si bien sigue siendo CONSONANTE , ahora en lugar de ser abba/abba, es cde/cde.
En los tercetos también se cambia el tono, y las palabras se vuelven más crispadas. Por ejemplo, surgen la cesura y el encabalgamiento, en especial el encabalgamiento abrupto.
El encabalgamiento consiste en continuar el orden sintáctico de un verso en el siguiente verso. Si la oración se continúa en todo el verso siguiente, se trata de un encabalgamiento suave. Si en cambio la oración termina en mitad del segundo verso, y hay una cesura (una pausa marcada por una coma o un punto en mitad del verso), se trata de un encabalgamiento abrupto.
En el caso de estos dos versos citados hay dos cesuras (en forma de comas) y un claro encabalgamiento abrupto "... , crecer hacía/ este árbol, ...".
Todo el poema está atravesado por el HIPÉRBATON, que es un recurso muy utilizado en la poesía, y especialmente en la poesía culta.
El hipérbaton es un recurso literario que consiste en dar vuelta el orden normal o esperable de las palabras. Es una forma libre de colocar a estas, lo cual le da una gran flexibilidad al verso. En la poesía no se utiliza el lenguaje como "hablamos", sino que se crea una lengua diferente, cargada de imágenes y musicalidad.
Sin hipérbaton, el terceto diría que "Aquel que fue la causa de tal daño hacía crecer este árbol con lágrimas, (lo) regaba a fuerza de llorar.


El yo escondido: la reflexión del yo lírico.






¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón porque lloraba!

El último terceto, que remata el soneto, termina entre signos de exclamación. Todo él es una queja, un lamento, que comienza con la interjección "Oh", palabra breve que señala gran dolor.
Parece que el yo lírico también llorara, no solo Apolo. Y parece que se hubiera dejado de lado el mito en sí mismo para reflexionar y lamentarse de la situación humana que se acaba de describir: el desamor.
Amar y ser rechazado es un destino que aqueja a muchos seres humanos, y para el yo lírico es un "estado", una situación desastrosa.
Un mal mayor que aqueja a hombres y a mujeres, sin explicación racional. Lo esperable es que el amor fuera correspondido, pero no solamente no lo es en infinidad de ocasiones, sino que el amor del otro produce en quien se siente amado y no ama un rechazo profundo.
Es una PARADOJA, que se explicita a través de metáforas. El dolor por no ser amado se visualiza en el "llorar", el rechazo ante el amor ajeno, que no se comparte , es la causa y la razón del dolor. Pero ese dolor del que ama y sufre crece ante el rechazo.
Es un círculo vicioso que hace desdichados a Dafne, a Apolo, al yo lírico, a Garcilaso de la Vega y a todos los lectores que han experimentado este dolor.
Se trata de un poema típicamente renacentista, dado que nunca el cristianismo medieval dio respuesta a estas cuestiones tan exclusivamente humanas.





viernes, 13 de septiembre de 2024

LAZARILLO DE TORMES: Tratado I y II



Análisis del inicio del Tratado I: Nacimiento de Lázaro


La novela se inicia con la voz en primera persona de un hombre, Lázaro, que cuenta la historia de su vida. Antes de relatar su infancia explica su nombre, que es significativo. A pesar de que sus padres, ambos molineros, se llamaban Tomé González y Antona Pérez, él ya no usa sus tan comunes apellidos, sino un sobrenombre, con el cual todos lo conocen: “de Tormes”.

El río Tormes atraviesa la aldea, el pequeño pueblo rural, donde nació Lázaro, pero en realidad él no tomó su nombre por su lugar de origen, como otros personajes famosos de las novelas de caballería, sino por el modo en que nació.
La madre estaba preñada, a punto de parir, y sin embargo una noche se hallaba en la aceña, en la maquinaria del molino que funciona a partir de la fuerza del agua del río. Lázaro, casi chistoso, cree que nacer en el río es algo memorable, entonces parece estar orgulloso de su origen y su sobrenombre. Pero en realidad lo que cuenta el personaje es muy preocupante desde el punto de vista social, porque una mujer trabajadora del siglo XVI, embarazada, parece estar haciendo tareas en plena noche.
Es posible detectar mensajes ocultos transmitidos por el anónimo autor que escribió este librito, tras las palabras del narrador y personaje Lázaro. El nombre Lázaro en sí mismo parece ser una burla de un relato de los Evangelios, en el cual Jesús resucita a su amigo Lázaro en uno de sus más conocidos milagros. El protagonista del Lazarillo de Tormes jamás parece tener ayuda de Jesús, pero  sí estará muchas veces al borde de la muerte, porque sus amos lo matarán de hambre y lo matarán a palos.
Otra alusión religiosa que puede adivinarse es la de haber nacido en el río. ¿De qué se burla el escritor¨¿De Moisés, que siendo bebé flotó en una canasta en el río? ¿O se burla del rito cristiano del bautismo?

El padre y la madre de Lázaro


Lo cierto es que Lázaro desde su origen padece pobreza. Y sufrimiento. Cuando contaba 8 años, es testigo de una tragedia en su hogar, el molino. A su padre le achacan (le atribuyen) “sangrías” en las bolsas o costales de trigo. Los campesinos llevaban el cereal y el molinero lo convertía en harina, pero muchas veces se sospechaba que robaba harina para hacer su pan. Al padre de Lázaro lo culpan, creen que es el autor de “tajos” en las bolsas, pero no así el narrador, que nunca deja claro si el “confesó y no negó” de su padre se debe a los malos tratos recibidos por los encargados de la justicia.
Es extraño que después de quince años de trabajar en el molino un obrero robe tan burdamente harina, cortando la bolsa y sin volverla a coser, pero el hecho es que Tomé González es condenado, preso y luego desterrado. Pierde todo, y debe emigrar a tierras que no conoce. El pobre molinero termina siendo encargado de cuidar las mulas de un noble que se va a la guerra. Así, sin quererlo, participa en una batalla naval contra moros y muere.
La madre ya no puede quedarse en el molino ni trabajar allí.  Se muda a la ciudad cercana de Salamanca, una ciudad muy conocida por su Universidad, donde conviven ricos y poderosos nobles y también estudiantes que intentan sobrevivir como sea. Antona Péres es evidentemente una mujer que está acostumbrada al trabajo duro: se pone a cocinar para estudiantes y a lavar ropa para mozos que cuidan caballos. Luego sabremos que también cría gallinas porque vende huevos.
La caballeriza adonde concurre en su oficio de lavandera está poblada de mozos, de hombres que allí viven cuidando los caballos, seguramente de raza, del comendador de la Magdalena, un militar noble y evidentemente, muy rico.

El Zaide




Puede que en ese oficio de lavandera la madre en las caballerizas haya tenido oportunidades de prostituirse, pero lo cierto es que uno de los cuidadores de los caballos se enamora de ella y va a visitarla todas las noches a la casa. En realidad, se forma una pareja sin el voto sagrado del casamiento. El enamorado no es un príncipe azul, es un africano de piel muy oscura que trabaja como esclavo para el Comendador. Ya en ese entonces los europeos raptaban africanos para traerlos a Europa a realizar los más duros oficios.
El moreno, a quien llaman Zaide (señor en árabe), es evidentemente una presencia positiva en la vida de Lázaro. Aunque  al principio el niño le teme dado que nunca en su vida ha visto un africano (Lázaro era del  campo), y le impresiona el color del amante de su madre y sus facciones, luego explicita que lo quiere. El Zaide se gana el corazón de esa mujer viuda y ese huerfanito, porque los provee de pan, carne y leños. Cada uno de estos “regalos” son un símbolo positivo: el pan evoca la caridad cristiana, la carne era un alimento privativo de los nobles, los leños encendían un fuego que aunaba a la familia y daba luz y calor. A través de esta imagen se muestra la recomposición de la familia en la vida de Lázaro.
Esta armonía y esta paz aumentan con la llegada del hermanito “un negrito muy bonito”, que genera juegos y risas, y hasta bromas por parte del narrador, como el “Madre, coco” con que se ve asustado al bebé.
Pero la felicidad dura poco. El Zaide es acusado de una serie muy larga de robos. A diferencia de lo sucedido con Tomé González, aquí no cabe ninguna duda: el esclavo africano se lleva del palacio del comendador a la casa de Antona cebada, salvado, leños, mantas, sábanas, cepillos para asear los caballos y hasta sus herraduras para revenderlas.
Pero el negro esclavo no tarda en ser delatado ante los ojos del mayordomo jefe. Los robos nuevamente son investigados y castigados, pero ahora se usa a Lázaro, a un niño, y se lo obliga con amenazas a que delate a sus padres.
Zaide recibe un terrible castigo, propio de esclavo: es azotado y sus heridas son rociadas con pringue, con grasa hirviendo. Es un castigo reservado a los esclavos rebeldes y se sugiere una muerte lenta y dolorosa. A la madre de Lázaro, a quien se la considera cómplice, también se la azota y se la lleva por la ciudad en un burro mientras el pregonero grita su delito “el centenario.”
El peor castigo para la madre es no poder cuidar al Zaide mientras este agoniza, y una vez más Antona se queda sin trabajo (no puede entrar más a las caballerizas) y resuelve mudarse en busca de trabajo.
Lo consigue en el Mesón de la Solana, un lugar donde pernoctan los caminantes y sus burros y caballos. Suponemos que allí limpia lo que ensucian los hombres y las bestias, su trabajo es cada vez más humillante y mientras padece “mil importunidades”, cría (amamanta) al hermanito de Lázaro. Este la ayuda trabajando como mandadero de los huéspedes del mesón.

Anticlericalismo

Pero el Lázaro adulto, el narrador que cuenta la historia muchos años después, no condena ni a su madre ni a su padrastro por robar. Es un hecho que el mundo está lleno de ladrones, por ejemplo, él menciona “los clérigos y los frailes”. Efectivamente, los curas eran considerados por el pueblo como ociosos ladrones, porque usaban el dinero de las limosnas recogidas por la Iglesia para pagar sus vicios sexuales “sus queridas”, “sus devotas”.
Con esto Lázaro denuncia la corrupción e inutilidad de los integrantes de la Iglesia, que si bien habían hecho voto de castidad no lo respetaban y usaban el dinero de los pobres para sus propios placeres.
El narrador compara al Zaide con esos curas y frailes corruptos siendo el Zaide  muy superior a ellos. Roba a un rico (el Comendador), que trata mejor a sus caballos que a sus trabajadores, y roba solo por amor, para que a su familia no le falte comida y calor.




Tratado II: Los amos de Lázaro



A lo largo de su vida Lázaro tendrá nueve amos, irá cambiando sucesivamente de patrón buscando un mejor salario (comida) y menos golpes.
Pero los primeros tres amos son aquellos que más lo marcan: el ciego, el clérigo  y el escudero. Con ellos permanece un buen tiempo pero pasa un hambre atroz. Ninguno cumple con el pacto de salario por trabajo. Le deberían pagar con comida pero lo matan de hambre, y con cada uno, la situación empeora.
El ciego
La madre y Lázaro conocen al ciego en el Mesón de la Solana. Parece tener el oficio de mendigo profesional, que va por los caminos pidiendo limosna. Necesita un guía y Lázaro, que es un niño muy inteligente, al ciego le parece muy adecuado.
La madre está de acuerdo con que su hijo "ya mozuelo", trabaje con él: lo ve como un "buen amo". ¿Qué daño podría hacerle a su hijo un anciano ciego?
Pronto lo sabremos. Luego de la desgarradora despedida con la madre, Lázaro se va con su amo de Salamanca. La ganancia no era suficiente, quizás porque los estudiantes no daban limosnas.
En cuanto parten, el niño descubrirá la verdadera naturaleza del amo: es cruel.

¡Cuánta hambre!



Lázaro ha abandonado al golpeado ciego al final del tratado I sin saber si había quedado vivo o muerto. Entonces trata de alejarse por temor a ser perseguido.
Necesita un nuevo amo para ganar su sustento, pero en la medida que no lo encuentra, pide limosna. Así es como “sus pecados” lo topan con un clérigo, que aparentemente le ofrece un puesto de monaguillo.
Recuérdese que quien cuenta la historia, el narrador, es Lázaro adulto, y conoce el devenir de los acontecimientos. Con el nuevo amo, todo va para peor: “Salí del trueno y caí en el relámpago”.
Con esta metáfora Lázaro compara a sus dos primeros amos, que se caracterizan por múltiples pecados. El pecado que más afecta a Lázaro es la avaricia, porque este nuevo amo, más aún que el ciego, lo va a matar de hambre.
En la presentación del ciego del Tratado I nos había dicho que este era avariento; ahora, comparado con el clérigo, era un Alejandro Magno (nótese el juego de palabras : magno-magnánimo, o sea generoso).
El clérigo es la avaricia misma. En su presentación se utiliza la descripción del espacio que lo rodea para que comprendamos a los extremos de tacañería a que llega este cura.
La casa y los objetos dicen mucho. El vacío y la ausencia de alimentos es notoria: tan solo llama la atención un arcaz, un baúl “triste” y viejo de madera que guarda los tan tiernos panecillos que la Iglesia debería repartir entre los pobres.
El cura los roba de la Iglesia –ya nos había advertido Lázaro de ello cuando justificaba los robos de Zaide- y los guarda en su casa bajo llave.
En la conducta del clérigo se ve su mundo interior: es un monstruo de egoísmo, aunque Lázaro no sabe si nació así o se contagió por ser parte de la Iglesia.
Tanto el arca como la llave son también símbolos religiosos (la Biblia habla del arca de Noé, y es conocido el tema de las llaves de San Pedro para acceder al Paraíso).
Pero aquí el arcaz y las llaves pintan el retrato de un ser avaro que tiene los panes guardados para sí como si fueran un tesoro.
¿Cómo puede sobrevivir Lázaro con un amo tan miserable? El niño se ve siempre con un pie en la sepultura, pues lo único que le ofrece como comida-salario el amo es una cebolla cada cuatro días. Las cebollas (comida del pobre en aquellos tiempos españoles) son guardadas por el miserable cura como si fuera un alimento lujoso. Una ristra de cebollas está bien guardada y contada en un cuartito en lo alto de la casa.
El cura se burla del hambriento Lázaro: cuando le permite ir a buscar su cebolla al darle la llave le dice que “no hagas sino golosinar”.

¿Cómo lograr comer y por lo tanto, vivir?




Lazarillo es muy inteligente y ha aprendido muchos trucos trabajando con el ciego, pero esa experiencia no le sirve con este amo, que cuenta la comida, que no pierde de vista las monedas de las limosnas y que come una exacta cantidad de carne en el almuerzo y cena. No puede hacer “sangrías” a nada, no puede robar.
Hay una excepción a esta vida tan ascética que parece llevar el cura: los sábados, manda a Lázaro a la carnicería a que le compre una cabeza de carnero. El propio cura la guisa y la come; por medio de una enumeración, el narrador cuenta cómo el clérigo devora todo: lengua, sesos, ojos, carne de la quijada, del cogote. Lázaro lo observa mientras el hambre se le hace insoportable: espera que su amo le tire los huesos. Como a un perro, le deja los roídos restos burlándose con crueldad: “Toma, come, triunfa, mejor vida tienes que el papa”.
El cura también en los velorios “comía más que un lobo y bebía más que un saludador”. Con estas comparaciones el narrador comprueba que el cura es voraz y disfruta la comida y la bebida, siempre y cuando no deba pagarla él.
Lazarillo entonces reza para que mueran los enfermos y aquellos que reciben la extremaunción, porque sabe que es la única oportunidad para comer y no morir él mismo.
Pero no es suficiente: el pobre Lázaro está tan desnutrido que sus piernas no lo sostienen, y ni siquiera se siente con fuerzas para escaparse como lo hizo con el ciego.
La crítica anticlerical es en este episodio implacable: evidentemente el anónimo autor del Lazarillo, tal vez un erasmista, tal vez un converso, creía que la Iglesia era todo lo contrario de lo que predicaba.

Ratones, culebras y un niño hambriento




Siendo mozo del cura Lázaro siente que en cualquier momento termina en la sepultura. Ya desde el inicio del tratado el narrador (Lázaro adulto), nos ha advertido metafóricamente que su amo es "un relámpago", el niño está entonces siempre al borde de la muerte. Haciendo honor a su nombre, un muerto viviente, siente que su delgadez extrema no le permite ni siquiera escapar.
En esos negros momentos, un día en que el clérigo se ha ausentado, Lázaro escucha que por la calle pasa un "angélico" calderero, que parece traído por la mano de Dios. En efecto, este nuevo personaje que tiene un oficio miserable -vende chatarra, cacharros y llaves viejas en forma ambulante- le va a permitir abrir el arca donde el avaro guarda los panes.
Lazarillo y el calderero prueban muchas llaves, ninguna abre, hasta que de pronto el arcaz levanta su tapa y se produce el milagro: Lázaro ve los panes que parecen irradiar luz, nos dice con una metáfora la intensa sensación de felicidad que tuvo: vio en los panes "la cara de Dios".
El autor del Lazarillo en todo este episodio realiza una sátira contra la misa y la Última cena: el cuerpo de Cristo, simbolizado en la Biblia por el pan compartido, ahora es representado por un pan robado a los pobres, guardado en un arca por un avaro, descubierto por un par de pillos y devorado por un hambriento niño ladrón.
Este "paraíso panal" se hace desear: Lázaro teme  que el amo se percate de la falta de los panes y no se permite comerlos, solo mirarlos, pero una vez que come, ya no puede renunciar a él. El cura, como cuenta los panes, es el gran oponente en la prueba donde nuestro héroe debe triunfar.
¿Cómo volver a comer ese milagroso pan que devuelve la vida? El hambre agudiza la inteligencia de Lázaro y este inventa un truco: roe los panes y luego cierra la vieja arca para que el amo crea que han entrado ratones. Efectivamente, el clérigo cree que una invasión de ratones se ha cebado en "nuestro pan".
El cura tan poderoso en ocasiones es visto ahora como un pobre infeliz que teme a unos ratoncitos, lo cierto es que le da a Lázaro las partes "roídas", volviendo a burlarse del niño hambriento: "come que el ratón cosa limpia es".
Pero ni las trampas que coloca dentro del arca, ni los clavos y tablitas con que la blinda y tapa todos los agujeros pueden con la habilidad de Lázaro para robar pan fingiendo que se trata de ratones. El cura se pasa durante el día claveteando el arca y Lázaro de noche haciéndole agujeros con un viejo cuchillo: se produce una muy divertida competencia, una de las tantas de la "carrera del vivir".
Cuando un vecino le dice al cura que quien se come el pan no debe ser un ratón sino una culebra, el cura parece enloquecer del todo. Pasa las noches en vela con un garrote en la mano, deambulando por la oscuridad, tratando de protegerse (y cuidar su pan) de la culebra, que trae a la memoria el terrible diablo bíblico metamorfoseado en serpiente.
Lázaro a todo esto logra comer, pero debe esconder la llave porque la búsqueda de la culebra se ha tornado muy peligrosa. Por las noches, se mete la llave en la boca porque el cura hasta revuelve las pajas donde el pobre niño duerme pensando que la culebra se mete allí.
Una noche, los ronquidos de Lázaro al pasar por el agujerito de la llave hacen un extraño chiflido. El cura, en la oscuridad, cree que está silbando la culebra y da un garrotazo terrible al lugar de donde proviene el chillido.
El cura sabe que allí abajo estaba Lázaro: pero su ausencia total de piedad le hace dar el garrotazo con todo su furor. Cuando palpa la sangre de Lázaro va a buscar una vela y así descubre que en la boca del descalabrado niño está una llave que abre perfectamente el arca.
Cuando Lázaro despierta, tres días después tras un terrible desmayo, se encuentra con la cabeza vendada y el cura mirándolo burlonamente: así se entera que el clérigo ya ha cazado a los ratones y culebras, es decir, el cura ha descubierto que el ladrón era Lázaro.
El siniestro amo lo expulsa haciéndose la señal de la cruz, como si el niño fuera un demonio: "No es posible sino que hayas sido mozo de ciego".
Así, el pobre Lázaro repite la historia de hambruna, porrazos en la cabeza y una vez más, deberá "valerse por " sí mismo, pues solo está.