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viernes, 20 de septiembre de 2024

FAUSTO, de Goethe


"La noche"

La obra Fausto, de Wolgfang Goethe, puede ser considerada una obra teatral. De hecho, está constituida enteramente por monólogos y diálogos, e incluso tiene acotaciones que informan a aquellos que la representarán el lugar y el tiempo de la acción.Sin embargo, hay quien percibe en Fausto una obra más para ser leída que actuada, dada la extensión de los parlamentos de los personajes.Tal vez el joven Goethe, que comenzó a escribir su Urfaust cuando formaba parte de un grupo de amigos que se autodenominaba Sturm und Drang, haya proyectado su obra para ser leída en voz alta.No obstante, las adaptaciones teatrales, cinematográficas y operísticas han proliferado desde que se publicó este libro. Goethe estuvo 60 años para escribirlo en su totalidad: el Fausto en sus dos tomos fue editado póstumamente, luego de la muerte de Goethe en 1832.Goethe, con el tiempo, realizó enmiendas y agregados a su obra, por ejemplo, le añadió un "Prólogo en el cielo"donde Dios y el diablo -Mefistófeles- realizan una apuesta sobre quién se va a quedar definitivamente con el alma de Fausto.Pero el verdadero inicio de la acción es el momento en que los lectores - o espectadores- nos hallamos en la escena "La noche". La acotación y el monólogo muestran un hombre solo, en una siniestra habitación abovedada, que en mitad de la noche y frente a su escritorio de estudio se cuestiona su vida.En efecto, el personaje hace una evaluación de aquello a lo que se ha abocado con "obstinado empeño" y que hoy siente como algo inútil. Realiza una sucinta enumeración de todas las disciplinas que ha estudiado: Filosofía, Jurisprudencia, Medicina y también Teología.La única conclusión que esos largos años de estudio le han brindado es la convicción de "nada es posible saber". A diferencia de Sócrates, con su famosa frase "solo sé que no sé nada", Fausto se presenta como un anciano inundado de pesimismo, solitario, que no siente empatía por sus discípulos, a quienes reconoce llevar de un lado a otro sin darles realmente conocimiento.También desprecia a sus colegas, a quienes llama "caterva de imbéciles", y a todo ese mundillo intelectual que, en el momento en que transcurre la obra -a fines de la Edad Media- se consideraban dueños de la verdad: doctores, maestros y curas que practicaban un conocimiento acientífico.Toda esa vida de estudio tampoco le ha brindado dinero ni éxito ni familia ni amor, pero sobre todo, sí le ha dado frustración. Se siente casi un traidor al enseñar, como profesor, conocimientos que está seguro de no saber exactamente. El mundo está lleno de misterios encerrados en sus entrañas, que a Fausto le atraen profundamente.Está harto de las palabras "vacías". En esta primera imagen Fausto parece un fracasado que está haciendo una evaluación muy negativa de su vida y que siente que todo lo que ha hecho es solo un "tráfico de palabras". Da la impresión de que las siente vacías.



La luna


Pero en este monólogo no todo en Fausto es dolor y desesperación. De pronto, la luz de la luna lo ilumina. La luna, símbolo de paz, femineidad y misterio en tantas culturas, parece ser una amiga que lo protege. Entonces le habla a ella, personificándola, como si fuera la única capaz de escuchar sus penas en ese mundo. La luna sustituye al Dios cristiano al que en este momento no se invoca. Fausto quisiera vagar por los campos a la luz de la luna, húmeda de rocío, como un espíritu. Se ha visto con frecuencia la asociación entre las ideas de este Goethe y el panteísmo de Spinoza, que consideraba a la Naturaleza como el verdadero Dios.
Pero ese momento de paz interior dura poco. Tras dirigirse a la luna, Fausto vuelve a autocompadecerse y entonces describe el lugar en donde ha pasado tantos años. Lo denomina "cárcel", metáfora que puede entenderse tanto como el gabinete de estudio como su cuerpo, su propia vida.


La renuncia a la ciencia


Vuelve entonces el Fausto violento y enfadado con la vida. Vuelve aquel hombre que había admitido no temerle al cielo ni al infierno. Ve los libros alrededor y los siente podridos y agusanados.
Ha llegado a un punto límite. Da la impresión que su soliloquio con la luna fue una despedida. ¿Estará a punto de suicidarse?
No, en lugar de suicidarse este Fausto desesperado abandona la ciencia y se deja llevar por la magia.
Entonces es cuando abre los libros del siniestro Nostradamus y comienza a actuar como un brujo.




Fausto II 
Invocación a los Espíritus 


El signo del Macrocosmos y el Espíritu de la Tierra

Cuando Fausto ya muy decepcionado de su fracaso como científico parece que solo le queda como alternativa el suicidio o la huida de su gabinete, vuelve los ojos a un libro muy especial. Se trata de un libro que se destaca entre los papeles agusanados. Es un libro de ocultismo escrito por el famoso astrólogo Nostradamus.
Al abrir el libro se le aparece un signo, el del Macrocosmos, que produce en Fausto una extrañísima reacción, como si entrase en un mundo desconocido. Se atreve entonces a invocar los espíritus, a quienes siente flotando alrededor.
Está incursionando en un territorio que siempre ha rechazado: lo sobrenatural. Ni la ciencia ni la religión cristiana le han brindado elementos para la cabal comprensión del universo, pero ese simple signo en ese libro maldito le abre las puertas a sentimientos insospechados.
Fausto, mirando el signo, siente que las fuerzas ocultas de la vida se le manifiestan frente a él. Deja atrás su angustia y parece sentirse fascinado por ese espectáculo que se le manifiesta.
La gran pregunta es : ¿el signo verdaderamente hace efecto sobre él o es enorme la sugestión y el delirio del viejo Fausto que necesita creer en algo nuevo?
Pronto otra vez lo gana la depresión. Este personaje, típico del Sturm und Drang, y un pionero del Romanticismo, se muestra a merced del torrente de pasiones. La desesperación lo embarga a pesar de que acaba de preguntarse ; "¿SOY YO MISMO UN DIOS?"
Claro que no le sirve tan solo observar. Quiere actuar. Quiere ser partícipe de las fuerzas del universo. Se cree un titán.
Entonces sigue avanzando en el peligroso libro de Nostradamus. Ahora en lugar de conformarse con el espectáculo del todo del cosmos, invoca al Espíritu de la Tierra,
Hasta entonces, todo cuanto sucedía podía ser parte de la imaginación de Fausto. Pero a través de sus palabras nos percatamos de que, efectivamente, algo tremendo está sucediendo alrededor.
Si Fausto se representa como obra de teatro, esta escena deberá ser descollante. Una imagen aterradora se le presenta entre luces y fulgores en el gabinete. Tan exorbitante es, que Fausto se llena de miedo y exclama : "Horrrible visión" y enseguida "¡Infeliz de mí!"
El espíritu lo desprecia entonces. ¿Por qué invocarlo si Fausto es a su criterio un pobre gusano muerto de miedo?
Pero pronto Fausto se recupera y le grita al Espíritu: "¡ Yo soy Fausto, Fausto, tu igual!"Por fin nos encontramos ante un nuevo Fausto, ha dejado atrás las dudas y está dispuesto a todo.
Pero en ese momento interrumpe Wagner, su asistente, que con su inocencia, su gorro de dormir y su mediocridad corta la magia en que se veía hundido Fausto, y nuevamente se impone la condición humana, limitada y a merced del hambre y el dinero.


Avanza la noche - Aparición del Espíritu de la Tierra



 Incursión en la Magia

“¡Vosotros, espíritus que estáis flotando junto a mí, respondedme si me oís!”, invoca el doctor Fausto en mitad de la noche, encerrado en su gabinete.
Acaba de abrir el libro de Nostradamus y ha visto el signo del Macrocosmos. Por lo tanto, en lugar de huir al amplio campo bajo la luz de la luna - como había anhelado- huye al amplio campo de la magia. Es el abandono definitivo DEL ESPÍRITU RACIONALISTA QUE ESPERA ENCONTRAR LA FELICIDAD HUMANA EN LOS PROGRESOS DE LA CIENCIA Y EL CONOCIMIENTO.
Los libros agusanados que ha dejado de lado son los de “Filosofia, Medicina, Jurisprudencia, y también Teología”,  las disciplinas que han ocupado sus días y lo que nos ha dicho ha estudiado toda la vida.

Nostradamus.

Se zambulle en el libro de Nostradamus, un misterioso astrólogo, pensador y promotor de profecías que escribió exitosos libros en el siglo XVI, siendo acusado de hereje.
Aunque Goethe escribe su obra en el siglo XVIII, la historia del personaje se desarrolla a fines de la Edad Media, pues hubo un auténtico Fausto en el siglo XVI que dio origen a la leyenda que retoma Goethe del “sabio que vendió su alma al diablo”.
Por lo tanto, es natural que el personaje de Fausto conociera los libros de Nostradamus. Como astrólogo, los libros de Nostradamus presentaban signos de carácter críptico, esotérico. El primero que Fausto descubre es el del Macrocosmos, que por un rato lo fascina y lo envuelve en una extraña voluptuosidad, como si se estuviera desprendiéndose de su realidad cotidiana rutinaria y se acercara a las fuerzas vivas del universo.
NO OLVIDEMOS QUE ESTO ES TEATRO, por lo tanto, a través de un monólogo, es el propio personaje de Fausto el que explica a los receptores qué es lo que verdaderamente ve: y ve, por ejemplo, cómo la energía del universo circula como a través de cubiletes de oro.
Mirando el signo del Macrocosmos Fausto se pregunta “¿Soy yo mismo un dios?”. El titanismo se le ha despertado, su soberbia que lo ha llevado a pretender ser el hombre más sabio del mundo ahora lo lleva a pretender estar en contacto con la energía del universo y tener la clave para su comprensión.
PERO FAUSTO ES UN TÍPICO PERSONAJE DEL STURM UND DRANG (Tormenta y pasión) y su personalidad cambia constantemente de registro, de la euforia y el trance pasa a la depresión y al sentimiento de fracaso.
Porque evidentemente mirando el signo del Macrocosmos no hace más que ser un espectador. Y Fausto quiere intervenir, actuar, tener poder.
Entonces, simbólicamente, da vuelta la página. Y el siguiente signo que se le presenta es el del Espíritu de la Tierra.

Un paso más allá

 Este es un signo al parecer mucho más poderoso, pues no se trata solo de contemplar, sino de traer a espíritus de lo más recóndito del universo junto al propio Fausto. El conjuro parece hacer efecto. Fausto dice: “Mis fuerzas se multiplican”. Nuevamente se siente un coloso, un titán y es capaz de convocar a algo mucho más terrible. Está dispuesto a “lanzarse al mundo”. Se produce entonces, según las palabras de Fausto –y no una acotación- un cambio en el escenario. Se habla de luces, ruidos, un viento frío, un  fulgor rojizo.
Es la aparición del Espíritu de la Tierra, que lo hace por detrás de Fausto, quien se da vuelta y sufre un enorme impacto hasta gritar: ¡Horrible visión!
FAUSTO OSCILA PERMANENTEMENTE ENTRE SUS LÍMITES HUMANOS Y SU DESEO DE EXTRALIMITARSE. ES UN HOMBRE, SOLO UN HOMBRE, PERO SU AMBICIÓN POR CONTACTAR CON LAS FUERZAS SOBRENATURALES QUE LO SUPERAN ES MUCHA.
El espíritu, salido de un mundo fantástico, dice ´ "¿Quién llama?" Y es verdad: Fausto ha realizado una invocación.
(El director y escenógrafo que lleven a escena este episodio deberán usar efectos especiales para mostrar a este nuevo personaje, que parece salir de las profundidades de la Tierra.)



Pero Fausto quizás aún no esté preparado para ello. Porque al ver al terrible Espíritu y aterrarse, el Espíritu de la Tierra lo percibe como un hombre cobarde, como un “gusano” que se ha atrevido a movilizar fuerzas potentes siendo él un débil. El parlamento del Espíritu además de degradarlo le exhorta  A DEFINIRSE: “¿QUIÉN ERES?”, le grita.
Es mucho más que preguntar un nombre. Fausto debe decidir qué quiere ser en la vida: si un pobre anciano al borde de la muerte luego de haber desperdiciado toda su vida en los libros, O UN SUPERHOMBRE, EL MÁS PODEROSO DE LOS HOMBRES, UN SEMIDIOS, UN TITÁN.
Y, efectivamente, le contesta al Espíritu: “SOY FAUSTO, TU IGUAL”.


El Espíritu de la Tierra y Fausto hablan...
de igual a igual.
Fausto se siente herido en su amor propio ante los reproches del Espíritu de la Tierra, que lo acusa de haberlo invocado y de aterrorizarse ante su presencia. Sin embargo, el Espíritu parece extrañado de la reacción temerosa de Fausto, ya que también le llama SUPERHOMBRE.
Parece que las fuerzas oscuras del universo hubiesen detectado en Fausto un ser excepcional, capaz de dar la espalda a los valores cristianos para introducirse en un mundo sobrenatural donde rigen otras leyes.
El Espíritu menciona la poderosa voz que usó Fausto para llamar, la fuerza de un hombre que "creaba un mundo dentro de sí" pero que ahora parece un tembloroso  y "acurrucado"gusano.
Fausto reacciona y revierte su horror: se coloca al mismo nivel del Espíritu, como si él no fuera un hombre común, limitado. Y entonces el enojo del ser llegado de las entrañas de la tierra parece ceder.
El Espíritu se dispone a declamar la esencia del universo: "el oleaje de la vida" y declara: "trabajo en el zumbante telar del tiempo y urdo el ropaje viviente de la divinidad".
Por lo tanto, Goethe parece crear en esta escena la representación de las ideas panteístas de Spinoza". Dios, ese misterioso Dios que nada tiene que ver con las prédicas de los curas, está al parecer en el mundo secreto de la naturaleza, la Tierra y los espíritus.
El lenguaje del personaje es completamente exaltado, no tiene nada de humano, cada palabra trasunta grandeza. Y Fausto escucha, asombrado y fascinado.
Si hasta este momento podría verse en Fausto un pobre viejo loco que invoca espíritus y se deja llevar por el brujo Nostradamus, aquí Goethe pretende mostrar que ese mundo terrible existe y que muy pocos tienen acceso a él.
Por eso Fausto se siente ya muy cerca de la divinidad, y él mismo, que presiente su fuerza, dice que es LA VIVA IMAGEN DE LA DIVINIDAD. La idea de que el hombre es igual a Dios atraviesa al personaje de Fausto, que no se conforma con ser un hombre.
En ese momento, la obra presenta un ANTICLIMAX, con humor, por cierto. El ayudante Wagner, golpea y entra en la alcoba de Fausto, pues lo ha escuchado gritar.
La presentación del personaje es burlona, aparece en gorro de dormir, en bata y con una vela en la mano. Su propuesta es ridícula: ha creído que su amo estaba declamando una tragedia griega y quiere que le enseñe los trucos de la oratoria así luego le da clases a curas y gana un poco de dinero.
WAGNER REPRESENTA EL ASPECTO MEDIOCRE DEL MUNDO, POBRE Y MISERABLE, DEL CUAL FAUSTO DESEA ESCAPAR.
FAUSTO ES TERRENO PROPICIO PARA QUE EL DIABLO INTENTE LLEVARSE SU ALMA. ES UN HOMBRE QUE NO ACEPTA LOS LÍMITES IMPUESTOS POR DIOS. NO ACEPTA LA DEBILIDAD, LA POBREZA.
POR LO TANTO, PRONTO LLEGARÁ EL MOMENTO EN QUE MEFISTÓFELES SE LANCE EN SU ASEDIO.


Síntesis de los sucesos anteriores al pacto

Luego que penetra de golpe Wagner en la habitación, el Espíritu de la Tierra se desvanece. Entonces se produce un diálogo entre Fausto y Wagner, su asistente. Se produce  una presentación indirecta del personaje protagónico, pues Wagner, en su mediocridad, siente devoción por él y le dirige alabanzas.
Pero, al retirarse Wagner, Fausto queda nuevamente sumido en sus propios pensamientos. Se produce el segundo monólogo de Fausto, aunque hay quien ve en este la continuación del primero.
El personaje se ve inundado otra vez por el peso del fracaso, y  nos informa que en su gabinete (al que describe largamente en sus palabras), está escondido un frasquito que contiene un licor para procurarse su muerte. Es veneno, veneno que él mismo ha producido.
Está a punto de beberlo cuando un coro de ángeles suena, y recuerda al personaje que es la Pascua, y se festeja en el mundo de afuera la resurrección de Jesucristo.
Entonces Fausto se decide a salir al mundo a ver la festividad cristiana, Wagner lo acompaña. Se cruzan entonces con turbas de seres humanos que parecen contradecir los preceptos de la religión. Los jóvenes aprovechan la fiesta y la multitud para ir detrás de las mujeres. Una joven de la clase media desprecia a las criadas. Se ve una Humanidad llena de defectos, aunque se escuchan los coros angélicos que parecen observarlo todo y controlarlo.
Y en la multitud, la gente lo reconoce porque él es un famoso médico que junto a su padre intentó curar la peste cuando esta se propagó por la ciudad. Fausto cree que sus medicinas mataron personas en vez de curarlas.
Pero Fausto se deja llevar por el gentío y confiesa a Wagner una famosa frase: "Dos almas habitan en mi pecho, tendiendo una de ellas a separarse incesantemente de la otra". Se refiere a un alma que persigue los placeres carnales y otra que tiende al encuentro con Dios.
Fausto regresa a su gabinete  seguido por un perro de aguas, que realiza extraños círculos alrededor.
Se produce entonces la primera de las escenas denominadas "En el gabinete de estudio".
Fausto entonces se dispone a traducir el Nuevo Testamento a la "bella lengua alemana", pero en cuanto comienza a pronunciar las palabras sagradas, el perro se agita. El perro resulta francamente extraño,  adopta sucesivas metamorfosis, hasta que finalmente se convierte en estudiante.
Mientras tanto, Fausto dialoga con este lábil personaje y comprende que se trata del diablo. El diablo se define a sí mismo como un ser que siempre persigue el mal y siempre termina haciendo el bien. En realidad en esta definición se intuye la fe cristiana del propio Goethe, que plantea que en definitiva el diablo es un instrumento de Dios para que los seres humanos sean dueños de su destino y su libertad.
El diablo desea irse del gabinete pero ya ha comenzado el proceso de tentación de Fausto. Este se sume en un profundo sueño y el demonio consigue escapar pese a un símbolo que había en la puerta y que se lo impedía.
Cuando Fausto despierta cree que su encuentro con Mefistófeles solo ha sido un sueño, pero da la impresión que el encuentro con el diablo lo ha dejado fascinado por este personaje.


El pacto entre Fausto y Mefistófeles


La escena inolvidable donde Fausto acepta entregar su alma al diablo comienza con la segunda incursión de Mefistófeles en el gabinete de estudio del viejo doctor.  Por una acotación el dramaturgo indica que el personaje de Mefistófeles aparece vestido de hidalgo, es decir, de un noble de buena posición económica. Pero, sin embargo, viene vestido de rojo. Aquí hay una antítesis clara: no puede esperarse nobleza en el diablo, y Goethe lo imagina con algún detalle de la ICONOGRAFÍA TRADICIONAL CON QUE SE REPRESENTA AL DEMONIO Y SU ASOCIACIÓN CON EL COLOR ROJO.
A DIFERENCIA DE OTRAS REPRESENTACIONES ESTEREOTIPADAS DEL DIABLO, GOETHE OPTA POR HUMANIZAR A MEFISTÓFELES, QUIEN ENTONCES RESULTA MUCHO MÁS VEROSÍMIL COMO PERSONAJE.
FAUSTO Y MEFISTÓFELES SON EN ESTA OBRA DRAMÁTICA PROTAGONISTA Y ANTAGONISTA RESPECTIVAMENTE, PERO AQUÍ EL DIABLO SE PRESENTA COMO UN AYUDANTE DE FAUSTO.


Estudio de personajes

a) Fausto

Estamos ante a una obra de teatro. El género dramático no solo se caracteriza por la acción, sino también por el conflicto.
El conflicto de Fausto ya ha sido definido por él anteriormente; "DOS ALMAS HABITAN EN MI PECHO". Una que tiende a la pasión del cuerpo , y otra que lo acerca a Dios.
Pero la primera vez que vimos al personaje, en su gabinete de estudio, no se divisaban ambas almas.
Solo veíamos un anciano que meditaba sobre el fracaso del conocimiento.
Sin embargo, en esta escena (Gabinete de Estudio II), Fausto parece CONFESARSE frente a Mefistófeles y advertimos una serie de aspectos de su psicología que no lograba haberse confiado ni a sí mismo en sus largos monólogos.
Empieza, en su diálogo con Mefistófeles, explicando que es viejo pero no como para haber perdido el DESEO. Y así se abre una faceta insólita en este viejo profesor, en este científico frustrado: está lleno de ganas de vivir.
Ha desistido de los placeres porque los ha postergado por su ansia de conocimientos y sus horas abocadas al estudio. Pero ahora, que los libros lo han decepcionado, se percata de cuánta necesidad hay en él de sentir PLACER.
No han sido solo los libros quienes se lo han arrebatado. Ha sido EL MUNDO. La sociedad, la cultura, la religión, parecen haberle ordenado "DEBES PRIVARTE". Toda la vida se ha reprimido y no solo para abocarse a los estudios. Ha tenido miedo de dejarse llevar por las pasiones.
"Lleno de angustia me despierto cada mañana", confiesa. A continuación, también explica que al dormirse lo atormentan espantosos sueños. POR DENTRO SE SIENTE UN TITAN, COMO SI HUBIERA UN DIOS ADENTRO DE SU PECHO, pero su cuerpo no ha logrado alcanzar la altura del disfrute, sino que se ha consumido. 
Fausto es un desesperado que ha visto pasar la vida sin acceder a la FELICIDAD. Envidia a aquellos que han muerto en una batalla heroica o en los brazos de una muchacha, en una cama.
Su vida de represión no le ha permitido dar rienda suelta A LAS PASIONES.
Ante Mefistófeles, lanza una SERIE DE MALDICIONES, cada una más grave que la otra. En su LARGA IMPRECACIÓN HACE UN RESUMEN DE LOS PRINCIPALES HITOS DE LA VIDA HUMANA,  aspectos normales,como tener un oficio, un trabajo y una familia, pero también maldice la riqueza y hasta el vino,  pero sobre todo, culmina maldiciendo la fe y la paciencia.
FAUSTO AQUÍ PARECE CONVERTIRSE EN UN HEREJE, UN RENEGADO QUE DESTRUYE LA CREACIÓN, EL UNIVERSO CONCEBIDO POR DIOS PARA QUE EL SER HUMANO HABITE EN ÉL.
Cuando Fausto desiste de todos los valores de la civilización es el momento oportuno para que Mefistófeles se lance a conquistar su alma. Fausto comienza a pactar con el diablo, quien le ofrece ser su criado con la condición de que ALLÁ sea completamente su esclavo.
Fausto contesta que no le importa el "allá", es decir, la vida ultraterrena, la vida después de la muerte, la eternidad del alma que propone el cristianismo. Está muy cerca de renegar de Dios. Es esencial en el cristianismo la convicción de que la vida ultraterrena es el premio o el castigo del camino que en la Tierra se haya transitado.
En una clara INTERTEXTUALIDAD CON EL GÉNESIS BÍBLICO, le propone a Mefistófeles ser su socio a cambio de obtener "EL FRUTO QUE NO SE PUDRE " y "árboles que todos los días reverdezcan". Eso significa que está anhelando, como Adán y Eva, probar el fruto que lo lleve al placer y a sentirse Dios. Pero también desea ser eternamente joven, como pensaban Adán y Eva que lo serían en el Paraíso, de no haber aparecido el demonio con forma de serpiente a tentarlos con el fruto prohibido.
Entonces acepta el pacto y choca las manos con Mefistófeles. Su condición es que el demonio le permita experimentar un instante en el que él pueda exclamar  al tiempo; ""!DETENTE, ERES TAN BELLO!




b) Mefistófeles


En esta escena puede hallarse un recurso frecuente en el teatro, que es el contraste de caracteres.
Mientras que Fausto se ha presentado como un desesperado, Mefistófeles aparece como un ser muy seguro de sí mismo.
Sus primeras palabras al llamar a la puerta son: "Soy yo", como si fuera un viejo amigo de Fausto. En realidad, el demonio ha estado siempre rondando las vidas humanas, y Fausto no es una excepción.
Inmediatamente se lo ve poniendo condiciones. Le exige a Fausto que le diga "Adelante" tres veces, como si fuera un número mágico, o tal vez, un conjuro pero al revés.
Lo primero que le propone a Fausto una vez adentro es vestirse como él para lanzarse a disfrutar el mundo. Ha venido vestido de hidalgo, con gran suntuosidad, pero de color rojo. Pretende que Fausto se mimetice con él. Parece contradictorio, ya que Fausto es un viejo. Pero Mefistófeles ya está deslizando lo que será la gran sorpresa del resultado del pacto: rejuvenecerá a Fausto.
En todo momento Mefistófeles le habla de un mundo de afuera que está esperando para que el viejo sabio disfrute los placeres de la vida.
MEFISTÓFELES HABLA POCO Y DE FORMA CONCISA, a diferencia del verborrágico Fausto.
Se caracteriza por su gran frialdad al hablar de temas que perturban al ser humano, como por ejemplo, la muerte.
Cuando Fausto exclama que  "la existencia es una pesada carga y deseo la muerte", Mefistófeles lo contradice con una breve metáfora y también personificación:  "jamás la muerte es el  huésped bienvenido". Parece conocer muy bien el alma humana. Sabe que la pulsión de vida es mucho más importante en el ser humano que la pulsión de muerte. Y hace referencia a cierto licorcillo que Fausto no se ha animado a probar.
En efecto, los espectadores ya saben por una escena anterior, que Fausto tiene preparado un veneno con el cual quiere suicidarse como forma de terminar con su fracaso y su sufrimiento.
¿Cómo lo sabe Mefistófeles? Fausto deduce que lo ha estado espiando, lo cual es verosímil con el espíritu maligno del personaje que tiene enfrente. Pero Mefistófeles le contesta : "No soy omnisciente, pero sé muchas cosas". El diablo que desde sus orígenes ha querido igualarse a Dios, sabe más que los seres humanos, pero no puede ser omnisciente como el Creador. Se sabe siempre en un nivel inferior a Dios, aunque usa sus poderes (relativos) para seducir a Fausto.
Entonces arremete otra vez. Le propone a Fausto "huir hacia el anchuroso mundo" y cesar de 'jugar con esta podredumbre" que cual buitre le devora las entrañas. Aquí Goethe realiza una referencia al mito griego de Prometeo, que quiso robar el fuego a los dioses, es decir,igualarse a ellos, y fue condenado a estar encadenado a una roca mientras un buitre le devoraba las entrañas.
El diablo insinúa que Fausto ha querido ser Dios a través del conocimiento, pero  que sin embargo, debe convertirse en un SER HUMANO COMÚN A MERCED DE TENTACIONES Y EN BUSCA DE PLACERES.
Le propone ser su COMPAÑERO, INCLUSO SU SIERVO, SU CRIADO.
Algo suena extraño en esta propuesta y Fausto se percata: nunca da el diablo sus servicios sin pedir algo a cambio.
Entonces comienzan los términos del pacto. Mefistófeles le propone ser su compañero ACÁ,  pero el alma de Fausto debe pertenecerle ALLÁ. 
Hay algo que oculta Mefistófeles,que no puede pasar desapercibido para ningún cristiano. Los cristianos creen que haciendo el bien en este mundo se determina la vida de ultratumba. El alma irá junto a Dios y los ángeles si se ha tenido una vida recta .
No es posible dividir el acá y el allá como está pretendiendo Mefistófeles. Así ya lo vemos como un ser manipulador, que dice su verdad oculta en adornos.
Cuando suscriben el pacto, Mefistófeles se ofrece a mostrarle lo que a ningún hombre le es permitido, tanto Fausto como los espectadores suponemos que se está refiriendo al placer, pero lo que el resto de la obra nos demostrará es que el placer a costa de la moral (como propone Mefistófeles) conduce inexorablemente al dolor.
El diablo entonces es engañoso, y en su seducción oculta información.
Simbólicamente, Mefistófeles le exige a Fausto firmar el contrato, pero no con tinta, sino con sangre.
Él parece restarle importancia al asunto, pero el uso de la sangre demuestra el horror en el que se introducirá Fausto de ahora en más.

lunes, 16 de septiembre de 2024

BIOGRAFÍA de Edgar Allan Poe



     Julio Cortázar pensaba que, en la batalla  entre Edgar Allan Poe y su padre adoptivo, el acaudalado empresario  John Allan, este último había perdido la partida contra el poeta en todos los terrenos.  Allan había apostado a que ese “hijo” fuese un continuo de su vida, un abogado, un hombre dedicado al comercio, un inversor de la heredada fortuna de su tío. En lugar de eso, el  chico resultó ser el escritor más creativo del siglo XIX.
      Nacido en 1809,  Edgar escribiría poemas a los once años. A los dieciocho quería publicarlos.  La conflictiva relación entre hijo no biológico y padre autoritario es materia sustancial de todas las biografías. De hecho, el jovencísimo Poe rompía relaciones con su padre adoptivo a menudo, y luego volvía a buscar su comprensión y su amor, ya sea a través de cartas melodramáticas o con su presencia escandalosa que anulaban las acciones rápidas de madrastra y empleados domésticos, echándolo a patadas de la casa familiar.
       Pero Poe aportaba a la conflictiva relación algo muy importante en su favor: libros. En 1827 publica el primero: Tamerlán y otros poemas. Dos años después, Al Aaraaf, Tamerlán y poemas menores y en 1831, un tercero: Poemas. Su padre no quería saber nada de él, pero antes de morir en 1834 bien podía llegarle la noticia de que aquel hijo terrible también publicaba cuentos, y que ganaba premios con ellos.
         El poeta se abocaba ahora a los relatos para presentarse en certámenes literarios y ganar los dólares que su padre le negaba. En 1832 se presentó a un concurso con un cuadernillo de cinco cuentos impactantes; no ganó el premio pero su lectura impulsó a los editores a publicar aquello que los había sobrecogido, entre ellos el relato “Metzengerstein”. Por fin en 1833 gana el primer premio del concurso convocado por el Baltimore Saturday Visitor, con “Manuscrito hallado en una botella”. Uno de los jurados, que luego se convertiría en defensor y mentor de Poe, era un hombre con un nombre contundente: John Pendleton Kennedy.
       Pero ni los laureles ni los papeles impresos podían conmover al ya muy enfermo John Allan : no dejó en su testamento ni un céntimo para Edgar Allan Poe, quien si bien es conocido universalmente lisa y llanamente como “Poe”, mantuvo el resto de su vida el apellido de su familia adoptiva sin quitarlo del medio.
Autopercepción
      En 1842, Poe acercó una nota autobiográfica a Rufus W. Griswold –el escritor y reverendo que sería el ambiguo albacea de Edgar- para que fuera incluida en The poets and poetry of América, a punto de publicarse.  La presentación es sensacionalista y mezcla datos de la realidad con la más pura fabulación.
     Allí se refiere a su  origen, a sus padres muertos que lo dejaron  huérfano a los dos años de edad. Omite la profesión de sus verdaderos padres, el teatro, pero no la de su abuelo paterno, el general Poe, que llegó a ser  héroe y amigo de Lafayette. Cuando presenta a su familia adoptiva, lo hace girando su discurso alrededor del Sr. Allan, a quien presenta diciendo “un caballero muy adinerado de Richmond, Virginia, que se encariñó conmigo”.  Unas líneas más adelante, sostiene: “Me crió la familia del señor A., que siempre me consideró su hijo y heredero, dado que no tenía otros descendientes”. Luego, comienza la retahíla de fabulaciones: viajes por Europa plagados de aventuras a lo Byron, que hoy está demostrado que no hizo. Nada menciona de los hijos ilegítimos de Allan, y reduce a uno los tres hijos que tuvo este con la segunda esposa, (una vez que murió la protectora de Edgar, la Sra. Frances Allan). Finaliza Poe diciendo : “Si bien era dueño de grandes propiedades, no me dejó nada”.
        De hecho, la adopción legal nunca se efectuó, y cuando el Sr. Allan muere, no incluye en la herencia  a ese hijo turbulento a quien le ha negado una y otra vez apoyo y con quien ha tenido violentos altercados numerosas veces. Para la posteridad, John Allan ha quedado como un señor  flojo de entendederas y profundamente tacaño. Pero el itinerario de Edgar Allan Poe sugiere que era muy difícil lidiar con él. Desfiló por ciudades y redacciones de periódicos y revistas buscando la aprobación y la aceptación de su difícil personalidad. Lo echaron los jefes, lo acusaron sus pares.
      Es interesante estudiar la vida de Edgar Allan Poe con un mapa de la costa este de Estados Unidos en la mano.  Su vida transcurre como la de un verdadero trashumante. El azar quiso que naciera en Boston, porque su madre actriz estaba representando una obra allí. La orfandad y adopción  se producen en el Sur, en Richmond, Virginia, adonde vuelve una y otra vez a lo largo de su vida de cuarenta años. En la infancia se educó en colegios de Londres, pero desde la adolescencia ya se lo encuentra alternativamente en Richmond, Filadelfia, Baltimore, New York.
      Ese trasiego en busca de éxito, o sencillamente, de un lugar en el mundo donde vivir y escribir, puede ser imaginado acompañado de libros, de revistas, de papeles, de paquetes de cartas.  Adjudica a las tremendas negativas de su padre adoptivo el hecho de haber buscado el ejército para mantenerse en un principio, donde fue dado de baja, al igual que en la Academia militar. Pero Poe también confiesa “me encomendé a la literatura como remedio”.
      Edgar Allan Poe fue un autor prolífico, pero no sólo de cuentos y poemas. Fue un periodista  cultural, un crítico literario. Se ganaba la vida con su pluma. En su nota autobiográfica inflada declara: “últimamente estuve escribiendo artículos sin cesar para dos publicaciones británicas”. Otro invento, pues se sabe que nunca escribió para Inglaterra, pero que demuestra su visión de sí mismo como un laborioso de la pluma, un escritor vertiginoso que produce incansablemente.
Talento vs grisura
      La percepción que tenía de sí Poe a medida que van pasando los años va confirmándose. Él se siente un genio, un intelectual extraordinario. Lo era: fue uno de los hombres más imaginativos de todos los tiempos, maestro del género terror, iniciador de la literatura policíaca  y precursor de la ciencia ficción.
     Fue también poeta y performer. Compuso poemas que resultaron célebres por su extraordinaria sonoridad, como “Annabel-Lee”, o el sobrecogedor “El cuervo”, que no sólo producía efectos misteriosos en quien lo leía, sino en quien lo escuchaba de boca de su propio autor. Los lentos recitados de Poe, vestido de negro, con su voz profunda, eran un éxito: la gente pagaba entrada para escucharlo presa de la admiración. También supo recitar su delirante y poético ensayo sobre el universo, “Eureka”, pero esta vez no en sala de conferencias sino en tabernas y en bares.
     Era un genio pero resultaba exasperante convivir con él. Uno tras otro se fueron desprendiendo de Poe los dueños de las revistas que lo contrataban como redactor.  Por su parte, a él lo exasperaba la mediocridad humana. En los numerosos artículos de Poe que pueden ser incluidos como Miscelánea, aparece una y otra vez la cuestión obsesiva de qué es ser un genio.
    En enero de 1848, un año antes de su muerte, escribió en el Graham’ s Magazine: “Nosotros, simples hombres del mundo, (...) deberíamos estar alertas no sea que –imaginándolo en las últimas- insultemos y maltratemos a algún pobre genio en el mismo instante en que pone un pie en lo más alto de la escalera del triunfo. Es un truco habitual que estos individuos, cuando están por lograr un objetivo largamente acariciado, se hundan ellos mismos en el profundísimo abismo de una aparente desesperación, con el único propósito de incrementar el espacio de éxito por el que han decidido trepar”. No hace falta hilar muy fino para percatarse que, entre los dos bandos (los simples hombres del mundo y los genios  autodestructivos y ególatras), se pone en el segundo.

Laborioso

      La conciencia del propio valor es lo que llevó a Poe a tener esa constancia que lo sustrae de los pozos depresivos, de los episodios casi psicóticos, del alcohol profuso y vomitivo, del láudano, del opio. La desesperación nunca lo traga del todo, como los abismos se tragan a los personajes de sus cuentos, como se traga el lago a la casa de los Usher. En el prefacio a Tamerlan y otros poemas, su primer libro firmado bajo el seudónimo “Un bostoniano”, el jovencísimo Poe dice una frase profética: hablando de sí mismo en tercera persona declara que “el fracaso nunca lo hará desistir de ninguna decisión que haya tomado”.
        De hecho, el tesón con que una y otra vez intenta publicar los libros para los cuales el padre no ayuda con un dólar en su edición, se corresponde con el tesón con que intenta fundar revistas, revistas literarias que no significan sólo un artilugio para ganarse el pan, sino proyectos llenos de entusiasmo con severos lineamientos metódicos de cómo debe ejercerse el periodismo cultural y la crítica literaria.
     Despedido de su primer gran empleo como periodista en el Southern Literary Messenger, su energía lo llevaba a fantasear y programar una revista literaria donde pudiera hacer aquello que el Southern no le había permitido: “Me resultaba difícil imprimir a sus páginas esa individualidad que considero esencial para el éxito total de una publicación de ese tipo. (...) Me pareció que era de vital importancia mostrar un carácter definido y constante, con una marcada certeza de propósitos. (...) El principal objetivo de la revista que propongo será que se le reconozca como una publicación en la que siempre se podrá encontrar una opinión honesta y valiente sobre cualquier tema.(...) Su propósito principal será el de entretener, apelando a la versatilidad, la originalidad y la mordacidad”.
       Corría el año 1840 y Poe buscaría a lo largo de esa década publicar por fin esa revista, sin conseguirlo. Los nombres como Penn Magazine, o  The Stylus, se desvanecían en el aire. En cambio, Poe debía trabajar en publicaciones de otros –la mencionada Southern Literary Messenger, el Burton’s Gentleman Magazine, el Graham’s Lady’s and Gentleman’s Magazine, el Broadway Journal-  pujando siempre entre la conciencia de su propio valor y la mediocridad colectiva.
       En efecto, como contrapartida de la obsesión por el genio está la obsesión por la mediocridad. La pasión de Poe por denunciar un mundo de mediocres a su alrededor se ve en los numerosos artículos que pueden ser incluidos bajo el rótulo Miscelánea y que denuncian estupideces de otros autores, ya sean contemporáneos o de la Antigüedad. Mezclada con la necesidad de señalar la estupidez, Poe es un obsesivo rastreador de plagios. (Curiosamente, él también sería acusado de escribir plagios cuando  se descubrió que un ¡tratado sobre moluscos! que había aparecido bajo su firma, en verdad era un “levante” de un libro inglés).
       Poe, que era un hombre de una vastísima cultura y un lector contumaz (se dice que leía hasta quince libros en un mes y que se quedaba hasta la madrugada leyendo noche a noche), perseguía a los imitadores entre los clásicos y entre sus contemporáneos.  En el Graham’ s Magazine aparecieron una serie de análisis literario/grafológicos , donde Poe realizaba un irónico paralelo entre la producción literaria de los escritores de moda y su caligrafía. Artículos como estos dieron lugar a una feroz polémica y una guerra desatada entre Poe, pertrechado en sus publicaciones, y los literati, atacando desde cartas de protesta al periodista que cumplía con su ideal de “mordacidad”.

Buscador de plagios

      Del poeta consagrado en su tiempo H.W.Longfellow (profesor de Filosofía Moral de la Universidad de Harvard), dice irónicamente que  “merece ocupar el primer lugar entre los poetas de Estados Unidos, ciertamente el primer lugar entre quienes dicen ser poetas prominentes. Grandes son sus virtudes mientras que sus pecados son, principalmente, los de afectación e imitación (imitación a veces rayana directamente en plagio).”
      Su irreverencia asimismo muestra una prelidección por los insultos literarios, de los que evidentemente también él fue blanco furibundo cada vez que publicaba una de sus críticas “mordaces” y los autores escribían protestando para defenderse.       
     Como preámbulo a su serie de artículos La gente de letras de la ciudad de Nueva York, Poe realiza una declaración de principios sobre lo que debe ser la crítica literaria e insiste que el gran error de sus “colegas” contemporáneos está en que en lugar de juzgarse el libro, se juzga al autor del libro. “Así se construyen las “reputaciones” efímeras las cuales, en su mayor parte, cumplen el propósito para el que fueron diseñadas, es decir, llenar las billeteras del charlatán y del editor del charlatán.”
      La descripción que continúa realizando Poe en 1846 de las roscas literarias brilla por su lucidez ciento cincuenta años después: “Los charlatanes literarios buscan, especialmente, conectarse personalmente con quienes están relacionados con la prensa. Estos últimos, al escribir una crítica voluntaria sobre el libro escrito por un conocido, parecería que escriben no tanto para que la crítica sea leída por el público, sino por el conocido”.

Escribir para el mundo

      Así aparece en Poe la dicotomía público/rosca literaria que él tiene clarísima y por cuyo primer polo se inclina. Poe se sabía admirado por el público. De hecho, cada vez que comenzaba a trabajar en una publicación, cada vez que sus cuentos se publicaban en una revista, las ventas crecían. Los editores lo sabían, por eso aguantaban una y otra vez los problemas de Poe con el alcohol, sus depresiones y su ausentismo laboral. Pero a los editores no les convencía como periodista Poe. Les irritaba que fuera tan “mordaz”, que sintiera esa predilección por destrozar al escritor mediocre.
      Poe se defendía diciendo que si se hacía un recuento minucioso de sus reseñas literarias, la mayoría de ellas eran positivas y que sólo en una minoría había sido destructivo. Sin embargo, el perfil de Poe como crítico fue siempre cuestionado por sus jefes, que no querían llevarse mal con catedráticos y colegas de otros medios de prensa.
     Cuando planifica sus revistas literarias, cuando escribe el desideratum de lo que debe ser una revista literaria, se sabe un ciudadano de la República de las letras, a la cual hay que servir en sus intereses generales y no particulares, considerando “el mundo en general como el único adecuado para el autor”.
     Y fue justamente el mundo en general quien lo leerá con fruición, pues Poe constituye esos extraños casos de escritor refinado y culto, antiprogresista (como buen sureño), aristocratizante y decadente que sin embargo se ganó a las masas de lectores. Muchos de sus cuentos se harían sumamente populares. Ya en vida de Poe, el éxito de “El Cuervo” fue todo un aviso. También su conferencia El principio poético fue escuchada por un público que abarrotaba la sala.
     Su última gira literaria en 1849 es un éxito, ese éxito que su ego ardiente y a la vez autodestructivo buscaba. En Richmond, el rechazado por el padre adoptivo, el hijo de actores tuberculosos que nunca fue oficialmente adoptado por la acaudalada familia, el que no tenía dinero para derrochar como sus compañeros de la Universidad, ahora, tantos años después, da conferencias y gusta a todo el mundo. Lo escuchan y aplauden. Recita “El Cuervo” una y otra vez.
    Dicen que en esos últimos días de su existencia Edgar Allan Poe llegó a ser feliz, reencontrándose con el viejo amor de su adolescencia de  quienes intrigas familiares habían separado, Sarah Elmira Royster Shelton, viuda ya y libre de reiniciar una relación con él.
     El 24 de setiembre de 1849 da una última conferencia: los organizadores  han subido los precios de las entradas de la misma. Su propósito es casarse con Elmira, pero debe continuar su viaje hacia Baltimore, Filadelfia y Nueva York.
      Unos días más tarde, el rastro se pierde y comienzan las hipótesis. Lo cierto es que Edgar Allan Poe apareció en Baltimore tirado en la calle, con la ropa dura de tan sucia, cual “clochard” alcoholizado al extremo. Nadie sabe si se detuvo en alguna taberna para desembocar en un abismo de incontinencia frente a su viejo amigo y enemigo, el alcohol, o si fue víctima de ladrones o estafadores o cazadores de votos, que buscaban vagabundos para embutirlos de licor y hacerlos votar una y otra vez por su lema.  El 7 de octubre murió en un hospital, presa del delirio.




domingo, 15 de septiembre de 2024

LA CAÍDA DE LA CASA USHER, de Poe



Cuento maldito, cuento romántico

Edgar Allan Poe ha sido considerado un escritor perteneciente al Movimiento Romántico. 
El Romanticismo al cual adhiere nada tiene que ver con los poemas de Bécquer, llenos de elogios a la amada, o con los cuadros patrióticos de Delacroix, como "La libertad guiando a su pueblo".
Poe sigue una línea oscura del Romanticismo, quizás iniciado por Mary Shelley y su novela Frankenstein o el moderno prometeo. Stevenson, con su novela Dr. Jekill y Mr. Hyde y Bram Stoker, con sus novela Drácula, también transitarán el mismo camino.
La subjetividad y el énfasis en las emociones se presentan como eje en estas obras y en la mayoría de de los cuentos de Poe, que son  profundamente perturbadores. La subjetividad humana es inescrutable, llena de misterio.
Es imposible comprender por medio de la razón qué ha sucedido realmente en la familia Usher, si su estirpe se debe al pecado inadmisible del incesto o a la influencia maldita de la casa que predestina la existencia de sus habitantes.
No obstante, hay un embelesamiento por parte del narrador en esa maldición. Llega a la casa y apenas puede salir de ella y solo cuando sus dueños han muerto la abandona.
La morosa descripción de la casa que realiza el narrador , donde cada detalle es explicado minuciosamente, es muestra de que esa casa también lo seduce, a pesar de generarle una profunda tristeza.
De hecho, la sensibilidad del narrador se nota  a través de sus palabras como si estuviera a flor de piel. Este estado de hipersensibilidad de los personajes llega a su extremo en el personaje de Roderick, que roza la locura.
La Casa Usher parece hundida en la soledad y el olvido, pero en realidad la rodea la naturaleza, una naturaleza terrible, que parece una pesadilla, los árboles angostados como si estuviesen marchitos, muertos, El estanque que refleja la Casa Usher es pútrido, no se renueva. El agua no corre, al igual que  los genes de los personajes, la sangre Usher, que parece preservarse para que solo pueda seguir una sola línea de descendencia.
La imagen espejada es típica de la literatura de terror, que a menudo muestra dobles y multiplicaciones de identidades que llenan de inseguridad tanto a personajes como a los propios lectores. De ahí la importancia del estanque.
Dentro de la casa, una familia de aristócratas agoniza. La enfermedad, la locura, la inminencia de la muerte, el extremo sufrimiento, tan usuales en las creaciones del género terror, se dan cita aquí.
El yo narrador, aunque misterioso, nos da alguna pauta de sí mismo: ha probado el opio, entonces ha cruzado ciertos límites sociales.
El personaje central , Roderick, es un enfermo acuciado por los sentidos, y aunque su profunda creatividad le permite pintar, dibujar, componer poemas, tocar instrumentos y cantar, su fragilidad es tal que es imposible concebirlo en medio del mundo, en la sociedad como un individuo común y corriente,.
Está allí, en esa casa donde nació, como mellizo de Madeleine, encerrado. El ostracismo, el exilio romántico se observan en este cuento en forma extrema. 
La Casa Usher es una típica mansión de estilo medieval, estilo preferido por los artistas románticos por su aura lejana y decadente. Pero como en muchos relatos terroríficos, la casa aquí pasa a ser un verdadero personaje. No solo por las personificaciones con las que se la describe (las ventanas son como ojos ahuecados, casi como una calavera) sino por el poder que esta despliega sobre los seres humanos, que comparados con  ella parecen sumisos y frágiles.
La hermana Madeleine es encerrada viva en una tumba. Con el pretexto de la catalepsia de hecho su hermano intenta asesinarla. Pero su fuerza resulta ser enorme, casi sobrenatural. Tras varios días de lucha escapa de la cripta para venir a buscar a su hermano. Madeleine no había tenido fuerza para escapar de su casa y de la maldición de su familia, pero sí para rebelarse contra la muerte que le ha sido impuesta a traición.
Su regreso del mundo de la nada es sumamente inquietante, como otras obras de la literatura de terror desafía los límites entre la vida y la muerte. A veces los vivos y los muertos conviven en una extraña relación que enloquece a los personajes y que también trastorna a quien lee estas historias que han sido llevadas frecuentemente al cine.
La muerte violenta, la muerte injusta, es un lugar común de la literatura de terror. Y la venganza de los muertos que se presentan en esos espacios llenos de memoria y de secretos no se hace esperar.



"La caída de la Casa Usher"



Estructura del cuento

Como toda narración, este cuento tiene una estructura, en la que se sostiene la historia. El narrador comienza por la presentación de los personajes, el espacio que los envuelve, la situación existencial que atraviesan y el tiempo en que sucede la acción.
A esta presentación ha de sucederle una complicación, un evento inesperado (o a veces temido) que cambia el destino de los personajes. A su vez, la complicación desencadena otros hechos que problematizan la historia.
Finalmente, la narración inexorablemente debe llegar a un desenlace, donde ese cambio en la existencia de los personajes llega a una resolución, ya sea para bien o para mal.
En todo desenlace, el lector debe presentir el cierre de la historia, aunque el final sea ambiguo o abierto.

PRESENTACIÓN

En "La caída de la Casa Usher", de Poe, el primer personaje que conocemos es el propio narrador. No sabemos su nombre, por lo tanto es un ser misterioso que nos cuenta sus impresiones desde una profunda subjetividad. Es un narrador interno (intradiegético), que explica lo que ve y siente, pero es evidente que desde el momento en que la perspectiva es el YO hay mucha información que no conoce.
Este personaje-narrador llega un día, luego de atravesar todo el país (no sabemos cuál), a visitar a un amigo de su infancia y juventud: Roderick Usher. Un ex compañero de colegio. Ha recibido una carta de su amigo exhortando su ayuda.
Poco sabemos del yo narrador, pero al menos suponemos que al haber concurrido al mismo colegio que el dueño de la  enorme mansión que tiene delante, es un integrante de su misma clase social, quizás también pertenece a la aristocracia.
El narrador es muy  meticuloso a la hora de explicar las sensaciones que le producen el entorno de la casa y esta misma. El paisaje que rodea la mansión lo llena de tristeza, la casa emana una impresión terrible que no puede explicar de modo racional. Adelanta que tal vez la casa tiene una fisura, y explica cómo son sus paredes de piedra, significativamente cubiertas de moho, como si estuvieran a merced de la putrefacción, de la corrupción.
Al  personaje narrador, mirar la casa le produce una desazón tan grande como la que experimenta el consumidor de opio cuando despierta a la realidad y se pasa el efecto alucinador de la droga.
Ello puede insinuar que tal vez el personaje narrador es también un consumidor de opio, ya que lo conoce. ¿Puede confiarse en este narrador?
Al entrar en la casa se encuentra con un espacio gótico, oscuro, atiborrado de objetos, las paredes forradas de tapices y sellos heráldicos. Todo es extraño y tétrico y sobre todo, el narrador es muy minucioso en sus descripciones. Se observa un tremendo peso de los antepasados de la estirpe Usher. Los dueños parecen no haber jamás renovado nada ni tirado los objetos que pertenecieron a las otras generaciones.
Cuando por fin se reencuentra con su amigo se esboza un largo y detallado retrato de Roderick. A través de grafopeyas como "tez cadavérica" u "ojos líquidos" y de numerosas etopeyas que apuntan a un estado psicológico de terror y de extrema sensibilidad, el narrador observa y comenta con espanto la transformación de aquel estudiante Roderick, que supo ser alegre cuando era un niño en el colegio.
Ahora parece estar presa de la locura, apenas prueba los alimentos y no puede tolerar los olores ni los ruidos. Su cabello es comparado con una tela de araña.
Tiene un aspecto sobrenatural, y la enfermedad que padece lo hace sufrir terriblemente. El personaje narrador se compadece de Roderick pero a la vez la imagen siniestra de su amigo lo perturba.
Roderick le explica sus enfermedades, al igual que la enfermedad de su hermana. En todo momento se deja entender que son enfermos incurables, que los médicos no pueden ayudarlos, porque la ciencia y la razón no tienen lugar en la Casa Usher.
Roderick nunca ha salido de ella, y el narrador comenta al pasar un detalle inquietante: la familia Usher solo ha tenido una rama de descendencia. Por otra parte, Roderick confiesa a su amigo que si su hermana Madeleine muere a causa de la catalepsia que la aqueja, la familia morirá con él.
Parece haber una maldición que no se explicita sobre los Usher: ¿acaso esa única rama de la estirpe se debe a que los hermanos han engendrado un hijo entre sí? ¿Ha cundido en esa casa siniestra el tabú maldito del incesto?
Pero Roderick no es solo un loco. Es también un artista. Además de una inmensa cultura que parece  compartir con el narrador, y de la lectura vehemente de extraños libros, el personaje compone poemas, los recita acompañándose de instrumentos musicales de cuerdas, y pinta. Pinta cuadros muy abstractos, que en verdad representan ideas, menos uno que parece representar un túnel, una cripta.
En un momento de la presentación de Roderick el narrador informa que en esa habitación en la cual el atormentado personaje pasa sus días y sus horas, también está Madeleine, la hermana. Ella surge de las sombras y pasa como un fantasma, sale de la habitación, en silencio. Al narrador le da la impresión que es la última vez que  la ve. Luego se informa que cayó en cama y que su enfermedad empeoró.
Madeleine no parece intervenir en la acción. Se nos cuenta que está grave y sometida a la Casa, al hermano y a la desgracia. Jamás conocemos su versión de los hechos.
Su enfermedad es muy extraña, la catalepsia, aparentemente queda dormida o desvanecida por mucho tiempo, durante días...
Hasta que... en el cuento irrumpe la complicación.
Es nada menos la noticia de la muerte de Madeleine.














COMPLICACIÓN DEL RELATO


¿Qué sabe el lector  hacia la mitad del relato "La caída de la Casa Usher" del personaje de  Lady Madeleine?
 Muy poco. Sí lo sabemos todo sobre su hermano Roderick. O casi todo.
El hermano ha descrito a Madeleine como un ser adorable, y confiesa a su amigo que ella es lo único que verdaderamente ama en el mundo. También le ha explicado qué mal la aqueja, esa extraña catalepsia que parece dejarla muerta cuando en realidad está viva.
Pero la voz de Madeleine no suena. No escuchamos su voz. No sabemos qué siente ni piensa.
El narrador solo la ve "viva" una vez, cuando en el gabinete de Roderick, de pronto se percata de que ella también está ahí, silenciosa, como una sombra. Sin decir nada ella se retira.
Pocas líneas después, el narrador informa que Lady Madeleine ha caído en cama. Jamás vuelve a aparecer en el gabinete de Roderick. 
¿Cuánto de esto es cierto? 
El narrador jamás duda de la palabra de Roderick, o es muy sumiso o quizás la presencia de Usher lo ha dejado en un estado de pasividad muy extraño. O quizás es la misma casa la que con su influencia siniestra  también se ha apoderado de la voluntad del visitante.
¿Qué es la complicación en una narración? Se trata de un hecho inesperado que cambia el destino de los personajes. Podemos pensar que la caída en cama de Madeleine y su desaparición podría ser la bisagra del antes y después.
Pero el verdadero cambio brusco en el destino de los personajes es el momento en que Usher revela que su hermana "ha dejado de existir", y que dejará su cuerpo en una cripta quince días debido a la enfermedad que padecía, la catalepsia.


"Tras informarme bruscamente que Lady Madeleine había dejado de existir"


Los dos hechos mencionados son muy perturbadores. A la muerte en sí misma, con todo su horror, se suma la posibilidad de que en realidad sea otra cosa: un ataque severo de catalepsia. Por lo que Usher decide poner su cuerpo en una cripta, y no bajo tierra en un cementerio.
¿Acaso duda de su muerte? ¿Acaso es posible que esté viva?
Lo cierto es que ambos la conducen a una cripta, pero en lugar de dejarla en una cámara desde donde se podría atisbar si es la muerte definitiva o un ataque de catalpesia más, la encierran en una mazmorra, en una recóndita cripta donde es imposible escapar. No permiten que repose cuidándola por si en efecto ella recupera la conciencia,
LA ENCIERRAN EN UN ATAÚD, QUE QUEDA ATORNILLADO, INEXPUGNABLE.
Antes de cerrar la tapa de la caja mortuoria se describe la belleza de Madelaine, y una grafopeya sorprende: su rostro, su piel , está sonrosada, no amarilla como los muertos. Hay cierta sensualidad en el retrato que el narrador realiza de ella, que menciona su cuello y su escote.
Un dato que no conocíamos se nos revela: Madeleine y Roderick eran mellizos, así que permanecían juntos desde el útero materno, No han salido de la Casa Usher, que simbólicamente es como un gran útero monstruoso.
Ambos, conscientemente,  la dejan encerrada y abandonada.
Gran paradoja, pues ambos conocían bien en qué consistía la catalpesia. El narrador insiste en los tornillos, el bronce y la solidez de los materiales que la separarán del mundo de los vivos.
Pero si en verdad cabe la posibilidad de que esté viva... ¿por qué Roderick encierra así a su hermana amada? ¿Quiere acaso que muera de una vez por todas? ¿Acaso no la amaba?
¿Por qué ese terrible castigo?
¿Qué ha hecho la joven Madeleine como para que Roderick tome tal decisión?




DESENLACE
Lady Madeleine vuelve


Los momentos del relato están muchas veces pautados por marcas temporales. Así, en la complicación, el narrador nos había dicho que UNA NOCHE, Usher le había comunicado que Lady Madeleine había dejado de existir. 
A partir del entierro de esta en la cripta, Usher muta su estado patológico habitual y se muestra mucho más extraño. Si bien antes su locura se manifestaba a flor de piel, por lo menos el arte -la composición de sus poemas, el recitado de los mismos, el tocar los instrumentos de cuerda, el pintar-, parecían sumergirlo en un mundo creativo donde había algo más que su mente atormentada.
Pero desde el entierro de Lady Madeleine el hermano se convierte en un ESPECTRO que deambula por las habitaciones COMO SI UN TERRIBLE SECRETO LE PESARA.
Por fin, explota el desenlace y se revela en toda su magnitud el horror de los habitantes de la Casa Usher.
Una noche el yo narrador se siente profundamente intranquilo. No puede dormir, tiene íncubos o pesadillas. Es el SÉPTIMO U OCTAVO DÍA DESDE QUE ÉL AYUDÓ A USHER A ENTERRAR A MADELEINE EN LA CRIPTA.
Pero entonces comienza a sentir unos sonidos ahogados, indescriptibles. Sale de su habitación y en plena noche se topa con Roderick, quien tampoco duerme y agitado recorre los pasillos como si estuviera perturbado por una terrible culpa.
El amigo se da cuenta de que afuera se ha desatado una tormenta inusual, una tormenta eléctrica que envuelve todo en una luminosidad macabra.Miran por la ventana ese espectáculo.
Roderick se ve afectado por la visión infernal de la naturaleza sacudida por relámpagos. Puede advertirse el uso que hace Poe del paralelismo psicocósmico, pues quizás todos los personajes del relato por dentro se sientan así, como esa tormenta. El amigo se da cuenta del daño que le hace a Roderick observar ese siniestro espectáculo y le grita  NO DEBES MIRAR ESO.
El yo narrador intenta calmar a su amigo leyendo juntos un libro. Pero el libro que elige cuenta una extraña historia: la de un caballero que queriendo entrar a la cueva de un eremita se topa con un monstruoso dragón y lo mata.  Antes tiene que romper la puerta violentamente con una maza.
Mientras el yo narrador pretende concentrar a Roderick en algo que no sea lo que lo atormenta en su interior, los sonidos ahogados se han ido convirtiendo en inquietantes ruidos, algo se rompe, alguien se queja o grita.
Entre lo que sucede en el relato y las citas del libro que lee el amigo se produce un paralelismo: un personaje intenta romper una puerta inexpugnable. Y abierta, aparece la sorpresa, la verdad, el dragón. Este recurso de enlazar dos textos se llama intertextualidad.
Y efectivamente, una puerta se ha roto. Usher lo sabe y le  confiesa a su amigo que él no quiso hablar. 
¿Qué es lo que no quiso decir Usher todos esos días? De pronto lo grita: LA ENTERRAMOS VIVA.
Él sabía perfectamente que Madeleine estaba viva, haberla enterrado entonces fue un acto de perversión.
En ese momento Roderick ríe: "ja, ja". Se nos revela entonces como un monstruo, un malvado.
Y entonces la puerta de la habitación se abre, el narrador dice que abre sus mandíbulas y otra vez nos encontramos frente a una personificación que identifica la casa con el rostro de una calavera o un ser vivo horrendo. La puerta puede haberse abierto por el viento de la tormenta, pero detrás está alguien que ya ha roto otras puertas: Lady Madeleine.
El narrador DESCRIBE a Lady Madeleine en términos muy distintos a los que había utilizado en la última mirada sobre la joven en el ataúd.
Ahora la muchacha está empapada en sangre, ha estado luchando siete días por romper el ataúd y partir las paredes de cobre de la cripta. ¿Cómo una frágil muchacha lo ha conseguido?
Lady Madeleine ha adquirido una fuerza inusitada, necesita enfrentar al hermano malvado que la ha enterrado viva, que la condenó a muerte en lo mejor de su juventud, que tal vez nunca la dejó salir de su casa, que le impuso la ley de la familia Usher.
Y allí está regresando del límite entre la vida y la muerte, avanzando hacia su hermano. El narrador dice que cae sobre este... y que su MUERTE VIOLENTA lo arrastra. ¿Qué clase de muerte violenta es esta? En este cuento, como en muchos cuentos de terror, se dice mucho menos de lo que en verdad NO SE DICE. La violencia de esa muerte puede ser la violencia de la rabia y furia de Lady Madeleine ante la maldad del hermano.
Este parece morir del corazón ante el terror que le infunde su hermana.
¿Logró Lady Madeleine al morir lo que deseaba?
¿ Acaso quería vengarse?



FINAL


A menudo los cuentos, luego del desenlace (resolución del conflicto) tienen un poco más de información, en donde el narrador no deja lugar a la sospecha.
El desenlace del cuento concluye con la muerte de los hermanos y el fin de la maldita estirpe Usher, pero no todo termina ahí.
Cuando el narrador escapa, huyendo del horror, la tormenta sigue con toda su furia. El yo narrador se da vuelta y percibe que aquella fisura que la casa mostraba en el frente, y que apenas había advertido al verla por primera vez, se está abriendo... La casa se parte. Por la escisión logra verse la luna roja, un fenómeno que se da muy raramente y que siempre se ha asociado con situaciones de peligro para la humanidad.
El narrador ve, pasivamente, cómo la casa se derrumba sobre sí misma en un estruendo y se la traga el pútrido estanque descrito al comienzo. Así se acaba la casa, la familia y la maldición de los Usher.
Lo que puede simbolizar esa fisura es profundamente ambiguo. Si la fisura representa la oposición de Lady Madeleine a los designios de su hermano, la rebelión de una mujer contra el peso de la familia, Lady Madeleine es entonces la heroína, la víctima que ha luchado contra el mal.
Si en cambio fue Roderick quien decidió poner fin a una relación incestuosa y a la ley o maldición de la familia Usher (enterrando a su hermana), la fisura es una especie de castigo de la naturaleza a todos los que han vivido allí, llenos de culpas o pecados.
Todo cuento de terror es ambiguo. Nunca sabremos a ciencia si los mellizos Usher se han amado u odiado. O simplemente es la historia de un asesino a quien viene a pedir cuentas su víctima.